Jake Gyllenhall infunde de compromiso y encanto un crudo papel, pero a pesar de su potente reparto, Antoine Fuqua no llega a trascender la descarnada y melodramática insipidez del proceso.
En esta secuela predominan las explosiones, los accidentes de coche y los asesinatos, pero su tono forzado de irreverencia resulta cansado y poco original. Es más de lo mismo.
Importante y desastrosa a partes iguales, 'Blindspotting' no se destaca por su sutileza. Los sermones y giros manipuladores están excesivamente preparados, pero la emoción que subyace a estos cálculos logra impactar.
'R.I.P.D.' pretende capturar la esencia moderna, dinámica e irreverente de 'Hombres de Negro'. Sin embargo, esta comedia de acción resulta ser demasiado mediocre para provocar alguna reacción significativa.
Clint Bentley se mantiene fiel a sus personajes decadentes, dotando a la película de un elegante desencanto que sustituye las grandes escenas emocionales por reflexiones serenas y una sabiduría amarga.
Haley Lu Richardson y Owen Teague ofrecen actuaciones sobresalientes, expresando con sutileza lo que permanece en silencio. La historia, que a primera vista parece dura, está impregnada de compasión y sufrimiento.
Canet ofrece una interpretación intrigante como un padre desgarrado entre sus propios deseos y los de su hija a la que trata de proteger, enriqueciendo una película en la que el familiar sonido del trueno puede perturbarte.
Lo mejor de todo es Timothee Chalamet. Uno puede simpatizar con el argumento de McKay sin dejar de creer que la humanidad se merece algo mejor que el insulso reproche de 'Don't Look Up'.
A pesar de contar con un elenco atractivo y momentos bien logrados, la tercera película de Justin Simien resulta ser, en gran medida, una experiencia decepcionante.
Esta historia de fantasmas es suficientemente aterradora: pero es más certero decir que lo que perturba al espectador, no son los muertos, sino los vivos.
Las interpretaciones de los jóvenes actores, intencionadamente crudas, son encantadoras. Pero un tono demasiado valorativo acaba por hundir el intento del guionista y director de recuperar el encanto de la adolescencia
La última animación de Pixar se destaca por su impresionante calidad visual; sin embargo, las emociones que busca transmitir a menudo se sienten exageradas dentro de una narrativa que resulta tanto familiar como caótica.
Una de las películas Disney más deslumbrantes de los últimos tiempos. Hall y Estrada logran de manera inteligente y emotiva resaltar la importancia de aprender a confiar.
Alec Baldwin y James Marsden aportan un toque de personalidad a la trama, aunque en gran medida se siente como un recurso destinado a mantener a los niños entretenidos durante unas horas.