Un primer vuelo en solitario estelar de Greta Gerwig. Con una escala modesta pero creativamente ambiciosa, funciona en sus propios términos como una obra picantona y agradable.
En este debut valiente, íntimo y tranquilo, Marielle Heller logra casi todo lo que los jóvenes cineastas independientes afirman desear alcanzar al iniciar su carrera: crear una obra fresca, personal y distintiva que refleje su propia 'voz'.
La película se sitúa en un punto medio sólido y confiable dentro del género teen, equilibrando la comedia burda y el romance excesivo con la perspectiva indie, aguda y reflexiva.
'Boyhood' es una epopeya sobre lo ordinario, una película que puede parecer común en cada instante, pero que en su conjunto se transforma en algo verdaderamente especial.
Una parodia de la frustración sexual y las perversiones psicológicas, obscena y dramáticamente plana, que parece situada más en los años 50 que en los 80.
La actitud de Coppola hacia el tema que trata parece dudosa e incierta. Hay una pizca de crítica social, pero parece sentirse demasiado cómodo en el mundo que se supone que va a criticarnos.
Mucho mejor que la igualmente escabrosa 'Project X', este himno a la irresponsabilidad juvenil aplica la actitud adecuada a su conjunto de gags, equilibrando lo crudo y lo rudo, logrando así el efecto deseado en su público objetivo.
El siguiente trabajo de Jeff Nichols, tras su segunda película 'Take Shelter', es menos aventurero e inquietante, pero sigue siendo una obra bien elaborada, marcada por algunas interpretaciones destacadas y una gran fuerza temática.
Al final, se siente ligera y bastante ordinaria, sin ninguna ventaja o visión convincente, sólo una sensación razonable de las actitudes y bromas de los adolescentes.
Los diálogos y la película en general se salvan de la falta de sinceridad porque Juno además de ser una listilla es genuinamente inteligente y tranquila.
Hacer algo sobre los tiroteos de Columbine y no ofrecer reflexión o aclaración alguna no tiene sentido, en el mejor de los casos, y es irresponsable, en el peor. Eso es exactamente lo que hizo Gus Van Sant en 'Elephant'.
El significativo potencial de su premisa se ve maltratado por una creciente dependencia de los clichés de películas para adolescentes, tramas tontas y la necesidad de ser optimista en lugar de comunicar lecciones de vida.