La película destaca por su estética ochentera y se presenta como una road movie dirigida a un público infantil, pero sin caer en lo simplón. Logra captar la atención y simpatía de las nuevas audiencias.
Adentrarse en esta propuesta personal puede resultar complicado, ya que en ocasiones se siente irritante y sobrecargada dramáticamente. Sin embargo, su intensidad y autoconciencia le otorgan un valor significativo.
Humor británico renovado con la marca de Simon Pegg. Esta comedia se caracteriza por su ingenio y creatividad, llevando la esencia del estilo Python a un nuevo nivel.
Sin duda su mejor película de Salazar. Dos grandes actrices protagonizan una obra que destaca por su intensa carga dramática y emocional, ofreciendo una experiencia cinematográfica única.
Relato en dos tiempos, marciano y fragmentario, que lucha siempre por hallar el tono y no logra el acomodo preciso para penetrar en la materia gris del espectador.
A pesar de algunos momentos un tanto tediosos con toques new age, la directora logra realizar una película sobria y equilibrada. Charlotte Gainsbourg, una vez más, muestra su grandeza como actriz.
Película bien elaborada y clara, de enfoque académico y frecuentemente brillante. Aunque podría beneficiarse de un toque más distintivo en su estilo, es indudablemente una obra significativa.
Es una arriesgada jugada centrada en su actor principal, quien sostiene cada instante de la historia. Algunas escenas son realmente sorprendentes y dejan sin aliento. La actuación de Sbaraglia es impresionante.
Existen momentos de autenticidad y emoción entre la comedia y la superficialidad. Estos coexisten con un carácter bastante convencional y un cansancio ante diálogos ingeniosos que pueden resultar molestos.
Es una comedia situacional que ofrece una experiencia placentera al explorar las relaciones entre hermanos, marcadas por la desconfianza y los silencios. A lo largo de la historia, se logran momentos auténticos y toques de emoción.