¡Qué suerte cuando unos niños te regalan una buena película! Este regalo, quizás un tanto mágico y milagroso, no existiría sin los niños protagonistas, nada sonaría auténtico.
Cine envolvente que logra transmitir sensaciones. Es una película sencilla y sugestiva, que aunque no aporta muchas sorpresas, resulta lúcida y cálida.
Es a la vez feminista y machista, una comedia y una chorrada, una apología del empoderamiento y del amor romántico. Delirante película sobre cuatro amigas y Cincuenta sombras de Grey.
Agradable y poco más. El extraordinario carisma de Frank Langella da vida a un relato emotivo, aunque predecible, sobre la vejez y la lucha quijotesca contra la decrepitud.
Casi todo en ella resulta caprichoso y forzado. La acumulación de obviedades a lo largo de la película se vuelve inabarcable, contribuyendo a crear una poética que se siente caduca y desgastada.
Película, elegante, alambicada, algo rococó. Hay enjundia en este ágape bien cocinado, sazonado con un toque de pimienta y un leve exceso de miel, pero resultando en un platillo sabroso.
¡Qué gusto cuando te dicen que vas a ver a Liam Neeson, Jessica Lange y Diane Kruger dirigidos por Neil Jordan! ¡Qué gusto cuando igual no te gusta todo lo que te esperabas pero el reencuentro ha valido la pena!
Debería ser de obligada visión para todo tipo de público, admirable en su recorrido fílmico y su exhaustividad, en su capacidad para historiar con imágenes un periodo ominoso para el mundo.
Un peliculón. Conviven en ella varias películas distintas: una de guerra, una histórica, una de terror y una de ciencia-ficción, y, a su vez, es una sola, tan pétrea como un menhir.
Posee una marcada intención dramática sin renunciar a la esencia de Ernest Hemingway. Magnética historia sobre un último baile, sobre la agonía y la medicina para aliviarla.
La historia avanza a través de grandes bloques narrativos, aunque a veces de manera algo descompasada, pero se presenta con un encanto inexplicable y casi hipnótico.