Este director transmite una confianza tan notable que 'Mountains May Depart' cautiva por la humanidad de su historia, evitando caer en la oscuridad de sus finales.
Es razonablemente entretenida, pero pierde la oportunidad de extender el tono creativo de la película que la precede. Al hacerlo, pone en riesgo el concepto principal sobre el que gira toda secuela.
Una chapuza condescendiente que cree respetar a la cultura afgana pero sólo consigue ser otro insulto más a sumar a los innumerables daños infligidos a ese país. Si fuese peor podría ser proyectada como prueba en el Tribunal de la Haya.
Esta película revolucionó el cine, ampliando tanto las narrativas como los métodos para relatar las historias, de una manera similar a cómo Picasso transformó la pintura y los Sex Pistols renovaron el rock.
Merece la pena prestarle atención por el espectáculo de una actriz escultural interpretando a una mujer que se convirtió en estatua por voluntad propia.
No hay momentos pequeños en ella, y quizás debería haberlos - pero muestra a un gran cineasta en pleno regocijo de su pasión, y es lo suficientemente visionaria para clasificarse como una definición útil de lo que es el cine.