Richard Brooks demuestra su capacidad para retratar con exactitud el tono y la complejidad de los personajes, incluso en los escenarios más desagradables.
Bajo la dirección de Nick Castle, las escenas se mantienen alejadas de la sensiblería, lo cual es destacable dado el potencial del tema. Deakins y Underwood interpretan sus desafiantes roles con una notable gracia.
Los diálogos mordaces y crispados de Richard Brooks ofrecen retratos complejos, a medida que cada personaje se desarrolla en el contexto de la vida en prisión.
Bien fotografiada y montada, contiene todos los artilugios de la técnica preferida de Alfred Hitchcock, desde el corte rápido a la hábil mezcla de diálogos.
Robert Rossen, en su papel de productor, guionista y director, frecuentemente no logra conectar con la audiencia, dejando al público tan confundido como al protagonista a lo largo de gran parte de la cinta.
Aunque impactante en ciertos momentos, no consigue reflejar completamente las cualidades de la obra original y no alcanza la profundidad emocional de la popular versión de Zeffirelli.
Mickey Rourke no convence del todo en su papel de empresario, sin embargo, Kim Basinger se erige como su salvación, logrando mantener una dignidad notable en su actuación.
Agradablemente escrita e interpretada, esta obra invita a los espectadores a disfrutar de hermosas estrellas del cine que encarnan a personas comunes en su búsqueda por el amor.
El tercer trabajo como director de Clint Eastwood es un drama contemporáneo aceptable sobre William Holden, de mediana edad, enamorado de la adolescente Kay Lenz.
Quizás no haya mucho nuevo que contar sobre las gracias y las desgracias que implica abrirse paso en la escena musical del country, pero las escenas son frescas y las emociones, reales.