Aunque no es del todo imposible de ver, sus demenciales niveles de energía la recomendarán al público más joven y pueden desencadenar dolores de cabeza por estrés a los mayores de 12 años.
Este romance singular cuenta con momentos de una rareza cautivadora, pero tiene cierta tendencia a subrayar sus ideas y sus temas con demasido énfasis.
No es una película que desafíe los estereotipos de las películas de iniciación. Sin embargo, el diálogo es agudo y el ritmo cómico de Powley está bien ajustado.
No habrá muchas películas que tengan un trozo de diálogo en Asirio Neo-Arameo y un cameo de Lars Ulrich, el batería de Metallica. Falta tensión dramática.
Suma muchos puntos por su encanto amable, sus gags visuales y sus juegos de palabras; sin embargo, no tiene la agilidad ni la originalidad de las mejores obras de Aardman.
Crowe se presenta como un villano formidable. No obstante, aunque el resultado es abrumador, la carencia de complejidad provoca que se sienta que el talento de Crowe se desperdicia.
El enrarecido mundo de la alta cocina no es precisamente un objetivo difícil de satirizar, pero esta comedia deliciosamente salvaje de Mark Mylod hace que cada amargo bocado cuente. Vigorosamente rencorosa y muy divertida.
Su película más divertida hasta la fecha. Parece la culminación de las fascinaciones y temas de Strickland en la actualidad. Su identidad única proviene de su meticuloso diseño, abarcando todo, desde el vestuario hasta el sonido.
Un documental urgente que destaca a Ecuador como un país por el que vale la pena luchar. Sin embargo, también se señala que todavía queda mucho daño por sanar.
La sátira del slasher arrasa con los tópicos raciales. Es una ingeniosa comedia de terror que se burla de los clichés del género de una manera brillante.