La indolencia que hay entre las actividades extracurriculares está exquisitamente capturada y encuadrada y además está editada con paciencia. Cada plano es un regalo.
Sin comprometerse por completo a desarrollar una reconstrucción histórica, Peck hace algo más inquietante: permite que las circunstancias hablen de la situación moderna de Congo.
La película transmite de manera clara sus intenciones, que aunque parezcan absurdas, son sinceras. Sin embargo, el guion y el aspecto técnico dejan mucho que desear y faltan de energía.
Es cálida, observadora, ligeramente filosófica y profundamente curiosa sobre la vida cotidiana e interior tanto de las personas como de sus ayudantes de cuatro patas.
'Saw IV' no es 'Saw III', como tampoco 'Saw III' es 'Saw II'. Pero ni a Lionsgate, la distribuidora de 'Saw', ni a la taquilla estadounidense parece importarles. Siempre salgo del cine pensando que esta será la definitiva, pero no. Qué le vamos a hacer.
Es probable que esta película acerque el síndrome de Asperger a una audiencia que ni lo conocía ni lo ha experimentado, pero es también probable que les aburra.
Es todo lo que nadie debería desear en una película: obediente y a la defensiva, pero desesperada por encontrar aprobación. Apesta a obligación y nobles intenciones. Falta la alegría, la diversión, el misterio, el riesgo, el sabor y la perversión.
Son dos horas y media de paisajes oceánicos y de cabelleras que no cesan de ondular, indicando que la acción sucede bajo el agua. No logra divertir ni impresionar, simplemente resulta aburrida.