El histrionismo de la pareja relaciona la propuesta con una de tipo comedia que termina por ignorar la sutileza convirtiéndola en una frontal historia de exabruptos narrativos.
El director nos muestra su habilidad en el manejo del lenguaje, así como su capacidad para conectar con la cámara, los actores y, en especial, con la historia que narra.
La película destaca por su impresionante uso de recursos, evidenciado en una fotografía cautivadora, un sonido envolvente y una música cuidadosamente seleccionada que eleva la tensión. Su impacto es notable y su estilo narrativo resulta irresistible.
El realizador y fotógrafo Adam Arkapaw logra una puesta en escena brillante, que despierta la reflexión sobre su capacidad de ser tanto extremadamente teatral como impactantemente cinematográfica.
El cine de este tipo está diseñado para satisfacer las expectativas no expresadas de festivales y públicos especializados. Así, la narrativa y otros elementos se adaptan a las estructuras y temas que se consideran necesarios en este contexto.
Es una película entretenida, que aunque carece de sorpresas, está bien realizada y actuada. Nos ofrece un rato agradable que todos necesitamos de vez en cuando.
El director utiliza el montaje de manera efectiva, manteniendo un ritmo fluido. El sonido y la música, en lugar de destacarse, complementan los silencios entre los diálogos, que en conjunto construyen la esencia de la historia.
Es una película dinámica que nos muestra visualmente el significado de cada acción, así como las consecuencias que estas pueden generar, todo desde una perspectiva ecológica.