Acercamiento a un señor entrañable y ególatra, resultando mucho más interesante cuando aprende a hacer pan que cuando se relaciona con las estrellas de Hollywood.
Funciona mediante un sencillo juego de oposiciones. Es una historia entrañable sobre un estudio que estuvo regido por la voluntad de hacer buen cine sin atender a reparos.
Testifica dignamente sobre la genialidad de un trabajo que sufrió mezquindades e incomprensiones antes y después de llegar a las tiendas, pero que cumplió de sobra su propósito.
Un relato que captura la esencia de lo cotidiano. Se presenta con momentos divertidos y otros que desafían las convenciones. Un rockumentary auténtico y sin concesiones.
Usando con destreza material de archivo, incluidas películas y grabaciones personales del protagonista, 'Waldo' explora la vida de este músico argentino.
Sorprende por su tono pausado antes de sumergirnos en el intento de preservar los orígenes del formato. Como un verdadero homenaje a quienes se esfuerzan en ello, cumple con creces.
El film es discutible en ciertos momentos, pero siempre sincero. Eso es lo que tienen los grandes cineastas: a veces aciertan incluso en sus errores. Volker Schlöndorff adopta un enfoque romántico en esta obra menor, pero auténtica.
No hará historia del thriller, pero sí queda como un nuevo vistazo de su autor al lado oscuro de un país que insiste, a veces, en autoproclamarse como un pináculo de la civilización.
Villeneuve no busca simplemente fascinarnos, su objetivo es dejarnos impactados y, en última instancia, abrumados. La obra es reseca, hostil y presenta una belleza similar a la del desierto, lo que puede resultar positivo o negativo.
El desarrollo de la película se puede anticipar, sin embargo, Colomo logra crear una obra amena que evita caer en lo vulgar. Un gran acierto por su parte.
La trama del filme carece de interés y sorpresas, y sus personajes resultan tan insípidos que evocan la idea de que el viejo George Smiley y su equipo los habrían devorado sin remordimiento.
A un filme así, tan poseído por la voluntad de resultar extraño, ¿cómo no quererlo? Posee dos virtudes raras e imposibles de medir: misterio y encanto.
Se las apaña bien en la difícil tarea de hacernos sonreír. Aunque presenta algunos momentos flojos, resulta conmovedora y entrañable, recordándonos a esa figura entrañable como un abuelo.
Kôji Fukada se aleja de las influencias de Haneke y Von Trier, y en su lugar se inspira en cineastas como Rohmer, Erice y Kiyoshi Kurosawa, su profesor universitario.