Tanta truculencia le hace poco bien a una historia cuyo máximo atractivo reside en la ambigüedad, máxime si le sumamos la índole muy acogedora de Finn Wolfhard. Mejor revisar 'Suspense' y dejarse de modernezas.
La película, en suma, quiere que lo pasemos mal (es decir, bien), y lo consigue a poco que nos dejemos el cinismo en la puerta del cine. Disfrutable terror de serie B sin pretensiones ni cinismo.
Es un cuento de acción y aventuras. Y uno bastante bueno, al menos para quien escribe esto. La prodigalidad de detalles, tanto en la narrativa como en la animación, son notables.
Comienza a todo gas jugando con las esperanzas de su protagonista. Sin embargo, a pesar de las cuestiones que se puedan plantear sobre su mensaje, el experimento pierde ritmo a medida que avanza hacia su último tercio.
Ni siquiera el duelo entre las consuegras Jolie y Pfeiffer logra despertar nuestra adrenalina. Angelina, el hada, se presenta saturada de CGI, pero carece casi por completo de ímpetu.
Entre entrevistas mal formuladas y recursos de docudrama que confunden el mensaje, la película no logra aprovechar su potencial para abordar el tema de manera clara. Las divagaciones serán percibidas solo por aquellos que ya estén familiarizados con el asunto.
Se queda en tierra de nadie, basculando entre el dramón emotivo, la comedia fina (el protagonista tenía que apellidarse Foucault, claro) y el retrato social sin decantarse por ninguna de esas facetas.
Recuerda al Tim Burton de 'Eduardo Manostijeras'. Sin embargo, se extraña un mayor esfuerzo en la puesta en escena y, sobre todo, una dosis de ironía más contundente en los chistes.
Si bien toma prestadas ideas de 'Cómo robar un millón y…', recuerda por su tono de andar por casa al de 'La suerte de los Logan'. La subtrama romántica de Chino Darín, eso sí, desmerece del conjunto.
Una intriga con giros inesperados, quedándose a medio gas debido a su falta de riesgo formal. Que decida cada cual si las buenas interpretaciones compensan lo anterior.
Puede satisfacer a quienes se deleiten en las historias de superación personal y triunfo desde lo más bajo. Para este crítico, es ver un relato así y recordar lo buena que es 'La soledad del corredor de fondo'.
El conjunto carece de energía y lenguaje soez, mientras que se esfuerza por dar un tratamiento digno, aunque no del todo, a ese rey interpretado por un entrañable Peter Van den Begin.
El guion se presenta como deslavazado, y sus referencias a una virilidad arcaica resultan poco originales. Esta entrega carece de profundidad, ni logra ser inquietante ni memorable.
Un thriller muy interesante y, en ocasiones, estupendo. Resulta muy disfrutable y mantiene al espectador en vilo. Si la imitación es un halago, este es el mayor piropo que Tarantino ha recibido en su vida.
No funciona como película de acción. Sin embargo, como comedia burlesca, es inigualable. El mayor atractivo radica en la actuación de un Tom Hardy que sobreactúa con un regocijo casi obsceno.
Es tan mediocre que ni siquiera Melissa McCarthy logra aportarle energía. La cinta presenta una premisa que se desgasta rápidamente en la primera media hora.
Más sombrío que nunca, y con muchas más ganas de mostrar el sufrimiento de los inocentes, George Miller ha renovado su mitología de formas insospechadas. Y nosotros, una vez más, hemos tenido la suerte de ser testigos.