Aunque no destaca en ningún aspecto, la película funciona en su mayor parte con respecto a los hechos de la historia y la personalidad de su protagonista y en recordar al público por qué fue significativo.
Es en los frágiles lazos que se forman entre los soldados negros y los aldeanos italianos donde se libera de su propia grandiosidad y cuenta una historia humana, conmovedora y con fundamento.
Da la sensación de que es algo permanente. Es un entretenimiento ligero y accesible que equilibra su propio pensamiento mágico con el entendimiento de que no todo el mundo es feliz para siempre.
Si consigue ser algo más —algo cercano a una gran película— es porque encuentra algo nuevo y políticamente importante que decir en el hipertransitado (y hermosamente fotografiado) territorio de guerra europeo.
Aunque no sea una gran película, es una buena película sobre la grandeza, en la que la celebración de los logros de un gran artista se convierte en la la ocasión para el surgimiento de otro.
Una encantadora chuchería que hace lucir el buen gusto de todos los implicados. Se vuelve tediosa después de un rato, en parte por el ritmo repetitivo de sus escenas.
Una amalgama fascinante de suntuosidad de las altas esferas y experiencias cotidianas, la imagen doble de un gobierno totalitario y la gente a la que dirigió.
La narrativa histórica se destaca cuando logra despertar nuestra curiosidad y al mismo tiempo la satisface. Este filme es un claro ejemplo de un esfuerzo meticuloso y exhaustivo.
Al mismo tiempo ardiente y analítica, cerebral y embriagadora, 'Carol' es un estudio de la atracción humana, desde la física y la óptica de Eros (...) una sinfonía de ángulos y miradas, de colores y de sombras.