'The Guardians' es un drama histórico que no se pierde en detalles de época decorativos. Es una crónica hermosamente fotografiada de la existencia rural.
Es imposible no conmoverse con el auto-reconocimiento de Lili y su deseo de ser reconocida por los que se preocupan más por ella. Pero también es difícil no desear que 'The Danish Girl' fuera una película mejor, una exploración más atrevida y emocionalmente abierta del surgimiento de Lili.
El Sr. Allen ha tenido sus altibajos a lo largo de los años. Rara vez, sin embargo, ha puesto en pantalla una historia que manifieste tan poca energía y tan poca curiosidad por sus propias ideas y situaciones.
Un festín para los amantes del cine antiguo. El talento de Hazanavicius para replicar algunos de los efectos visuales de los inicios del cine es impresionante.
Maravillosamente romántica, incluso a pesar -o precisamente por ello- de que reconoce la decepción que ensombrece cualquier expresión genuina de romanticismo.
El Sr. Straczynski y el Sr. Eastwood han producido una narrativa torpe y distendida cuyos temas más fuertes se pierden en la oscura pompa de los detalles de la época.
Intenta, con desiguales resultados, ser aterradora, divertida y profunda, todo al mismo tiempo. Es, en primer lugar, un ensayo extendido, alternativamente insportable y provocador, de la metafísica del cine
Es, en general, una pequeña película divertida, con algunos momentos de inspiración y algunas notas amargas, un puñado de interpretaciones interesantes y, de vez en cuando, una pizca de brillantez.
Esta película es una maravillosa parodia de la historia que convierte a sus horrores en una serie de chistes graciosos y gestos traviesos. Uno puede llamar a esto escapismo si lo desea. También se puede pensar en ella como una venganza.
Aunque sus referencias a la época son específicas, la selección musical es original y precisa. Esta película va más allá de ser un simple ejercicio nostálgico.
Posee imágenes impactantes, pero su enfoque sobre la guerra resulta distante y poco innovador. Hasta las escenas más impactantes tienen un matiz trivial y afectado.
El humor es tan audaz y su profundidad psicológica es tan sorprendente que es difícil no acabar decepcionado cuando el final intenta agradar al espectador.
Incluso cuando flaquea, logra mantener el entretenimiento y la atención, en parte gracias a la sensibilidad que von Donnersmarck demuestra, similar a la de un genio de Hollywood.
Para cualquiera que crea que la poesía y la democracia brotan de la misma fuente y provocan los mismos enemigos, esta película ofrece tanto estímulo como advertencia.