No hay juicios morales ni subrayados dramáticos que satanicen o idealicen a los personajes, la actividad y la actitud de cada cual hablan por sí mismas.
La ocultación de los verdaderos motivos de los personajes se presenta como una interpretación retorcida del uso de la elipsis. Este enfoque narrativo es el que da energía a las imágenes, todo ello bajo una apariencia de imparcialidad.
El filme mantiene el efecto hipnótico presente en 'El bosque del luto' y 'Aguas tranquilas', pero su temática se adentra en un laberinto denso y casi inquebrantable.
El relato se presenta con formalidad y un enfoque casi académico. Sin embargo, la gran cantidad de material, aunque impresionante, se pierde en una ejecución que resulta más eficiente que evocadora, y un guion que, aunque detallado, carece de sutileza.
Pocas veces se puede ver en una pantalla un arranque tan fascinante y engrasado, hipnótico y por supuesto prometedor. Sin embargo, el entusiasmo inicial se va desvaneciendo con el tiempo.
Como película de secuestros, presenta una notable originalidad, sin embargo, su desarrollo se siente artificial y poco profundo, aunque el desempeño del elenco internacional logra mantener cierto nivel de interés.
Durante la primera parte, que resulta ser la más cautivadora, la historia se desarrolla con la meticulosidad de un documental. Posteriormente, la trama se entrelaza en una intriga con múltiples giros y finalmente se resuelve de manera cerrada.
Documentado documental que está repleto de autenticidad y de emoción. Lo mejor: El estupendo y emocionante fluir de los recuerdos. Lo peor: La duración excesiva.
Turbadora, la película revela un inquietante juego entre el amarillismo y la explotación de la miseria. Despierta tanto repulsión como fascinación, dejando al espectador reflexionando sobre los límites de la moralidad y la representación del dolor ajeno.
Ilustre thriller español, donde resplandece la meticulosidad de una planificación creativa, que coloca cada elemento a la distancia y velocidad perfectas, junto a un relato ágil, que combina a la perfección la emoción con la lógica de los personajes.
Una trama que evoca los inicios de Scorsese y lo más destacado del cine negro. Saleh, siendo sueco, dirige con la certeza y el enfoque narrativo de un cineasta occidental, aunque tiene un conocimiento profundo de los entornos que presenta.