Las imágenes nocturnas generan una atmósfera cautivadora, donde lo realmente relevante no es comprender las experiencias o sueños de los personajes, sino dejarse llevar por el entorno visual tan sugestivo.
Un entretenimiento que comienza con mucha energía, pero que rápidamente pierde fuerza, revelando su falta de contenido significativo. El guión carece de rigurosidad.
Película excesiva. Las razones de la intervención son poco claras y simplonas. El ritmo es frenético y la producción es impecable, pero el final resulta absurdo.
Kruger demuestra su talento actoral al dar vida a un relato impactante. La película, con tintes de melodrama, se centra en los sentimientos personales en lugar de ofrecer un análisis amplio.
Después de un inicio que resume las devastadoras consecuencias en la familia, la historia se transforma en un viaje lleno de matices, donde lo dramático se entrelaza con toques de humor.
Película extraña, de atmósferas cargadas a la que la cineasta aporta sutileza y sensibilidad para contar una desgarrada y atípica historia de redención.
Malgasta el potencial del relato con un guión poco desarrollado, evidenciando una notable carencia de ingenio en los múltiples gags que intentan darle vida.
El director conecta la evolución de los comportamientos de los personajes con sus sentimientos y su relación con la naturaleza, logrando una cercanía conmovedora. De esta manera, se generan momentos realmente excepcionales.
El documental etnográfico carece de un atractivo dramático significativo y muestra una narración que, aunque tiene potencial, no logra aprovechar al máximo las imágenes que presenta.
La cuidadosa ambientación y el excelente desempeño de los actores aportan intensidad, emoción y una profunda reflexión a la parte más distante de una historia convincente y efectiva, aunque se siente algo desequilibrada por las repetitivas y apáticas interrupciones en el presente.