Repleta de imágenes poderosas y sosteniéndose sobre todo en el gran trabajo de un gran reparto, la narración evoluciona hacia terrenos más desgarrados y menos convencionales a medida que avanza.
Con impoluta corrección formal y destellos de lirismo musical, el director levanta un convincente andamiaje dramático, especialmente en la primera mitad.
Malick retoma su estilo más narrativo sin perder su tono distintivo, que evoca una trascendencia existencial, todo ello envuelto en una belleza formal sublime.
Es tan importante lo que muestra como lo que sugiere. (...) Lucía Jiménez, portentosa en su mimetismo con los ademanes y la forma de moverse de la época.
Correcta y moderadamente intensa, se mantiene a una distancia más que prudencial de los detalles sórdidos. Lo más destacado es la evolución del personaje principal, mientras que lo menos favorable es el tono convencional de la narrativa, que a menudo cae en un sentimentalismo superficial.
Washington está simplemente sobresaliente. Descarnado drama de denuncia sobre la frustración y el determinismo racial en el que Washington se erige como responsable total.
Guerra y Cristina Gallego logran combinar de manera efectiva el trágico aliento de su historia con las impactantes imágenes de la figura humana frente a la vastedad de la naturaleza, creando un relato intenso y conmovedor.
La película comienza de manera prometedora, destacando un espléndido Colin Firth en el papel de un inventor ambicioso. Sin embargo, el relato pierde fuerza en cuanto el personaje se embarca en su aventura.