Con impoluta corrección formal y destellos de lirismo musical, el director levanta un convincente andamiaje dramático, especialmente en la primera mitad.
Malick retoma su estilo más narrativo sin perder su tono distintivo, que evoca una trascendencia existencial, todo ello envuelto en una belleza formal sublime.
Correcta y moderadamente intensa, se mantiene a una distancia más que prudencial de los detalles sórdidos. Lo más destacado es la evolución del personaje principal, mientras que lo menos favorable es el tono convencional de la narrativa, que a menudo cae en un sentimentalismo superficial.
Washington está simplemente sobresaliente. Descarnado drama de denuncia sobre la frustración y el determinismo racial en el que Washington se erige como responsable total.
Guerra y Cristina Gallego logran combinar de manera efectiva el trágico aliento de su historia con las impactantes imágenes de la figura humana frente a la vastedad de la naturaleza, creando un relato intenso y conmovedor.
La película comienza de manera prometedora, destacando un espléndido Colin Firth en el papel de un inventor ambicioso. Sin embargo, el relato pierde fuerza en cuanto el personaje se embarca en su aventura.
Hazanavicius se queda a medio camino entre el entretenimiento para todos los públicos y la herejía cinéfila, sin decantarse claramente por una mirada condescendiente o una provocadora desmitificación.
Harrelson logra una interpretación sobresaliente en un relato vocacionalmente convencional que se redime por el interés y la precisión de lo que cuenta, pintando al personaje como un superviviente.