Un retrato sereno, minucioso y emocionante de una época dura y de unos personajes esencialmente buenos. Wang Xiaoshuai entrega aquí su obra más completa, respaldada por un espléndido guion.
Brechner ha reconstruido con notable rigor la historia. Sin caer en la monotonía ni en los clichés, logra captar el matiz en cada situación. Lo hace con una intensidad austera y sin recurrir a subrayados dramáticos.
Propuesta atrevida, valiente, gozosamente irreverente, ingeniosa y desinhibida, por momentos hilarante. La estupenda asociación de los protagonistas llena de credibilidad esta historia increíble.
Bajo su apariencia de cuadro costumbrista inquietante o policiaco enigmático, se revela una desasosegante metáfora sobre la sociedad argentina. Es una extraña reflexión acerca de la fealdad moral que nos rodea.
Tortuoso y perturbador ejercicio de supervivencia, reconstruido con el realismo extremo característico del cineasta y apoyado sobre la incontestable verdad de un puñado de intérpretes no profesionales.
Divertida fabulación. Dos interpretaciones fascinantes. Lo mejor: La audacia del guion y el equilibrado tono esperpéntico de Shannon y Spacey, que logran divertir sin caer en la caricatura.
Balagov debuta con un relato llamativamente intenso, cerrado sobre los rostros de sus protagonistas en angustioso formato cuadrado, que retrata la violencia desde el punto de vista de su protagonista.
Wasilewski mantiene un delicado equilibrio entre la contención dramática y la intensidad emocional, presentando los hechos sin emitir juicios y creando un pulso narrativo fuerte y conmovedor.
El guión resulta un tanto débil y en ocasiones se presenta de manera torpe. Eastwood demuestra su oficio y corrección, aunque no su genialidad, al trabajar en un proyecto que parece no resonar con él.
Un ritmo vivaz, una deslumbrante fuerza visual y el espléndido trabajo de los actores logran sostener de manera desigual el interés de la trama. Aunque el guión es intenso, se siente frío y cerebral.
Planteada como un thriller psicológico, la película se apoya en un mecanismo repetitivo, a veces confuso, que alterna entre diferentes tiempos. Esto podría interpretarse como un reflejo de la crisis de la mediana edad.
Relato coral que intenta captar la frescura de la comedia costumbrista, pero que peca de un desparpajo formal que se beneficiaría de un mayor presupuesto.
El homenaje a las películas de serie Z de los 70 se queda en lo superficial, resaltando lo peor y trivializando lo que realmente es excelente. Se percibe como una fantasía centrada en chicas atractivas y en conversaciones carentes de profundidad.
Las convenciones estéticas y narrativas se suceden y Al Pacino despliega manierismo indigesto. El espectáculo en ningún momento es sórdido ni angustioso, lo que convierte la película en un pasatiempo agradable.