El relato se crece en el esplendor de su fotografía, pero se pierde en las idas y venidas repetitivas en el tiempo y en el pensamiento del protagonista.
Con esta entrega se cierra la pintoresca trilogía. Lo mejor: La intrepidez del cineasta. Lo peor: El carácter elitista de la propuesta, reservada a los paladares cómplices y exquisitos de los iniciados.
Sin un solo diálogo, reclama el interés del espectador desde una deslumbrante belleza formal y el sonido hipnótico de los ritmos atávicos, puestos al día en una hermosa banda sonora.
Las intenciones son indudablemente positivas y, en cierta medida, se logra su objetivo. Sin embargo, la excentricidad de gran parte de sus tramas y sus inusuales conclusiones la colocan en la categoría de series poco clasificables, aunque de interés relativo.
Bello retrato de un grupo de jóvenes, una película fascinante, rodada en blanco y negro con lo justo y necesario. Consciente de sus imperfecciones, es una obra que respira libertad y está saturada de fuerza.
Sobrada de medios de producción, adolece de una notable falta de originalidad, escenificando con un sonrojante esquematismo la confrontación entre buenos y malos.
Una muy peculiar y sugerente comedia romántica, bastante original, que recorre territorios familiares mientras crea el suyo propio con encanto y desenvoltura.
Arranca como un atractivo e hipnótico relato convencional, pero al poco se quiebra y se transforma en algo muy diferente, más dubitativo y experimental.
La cinta se mueve en los registros más planos imaginables y se complace en subrayar lo más evidente. Lo mejor: la historia de amor imposible entre el protagonista y una putita soñadora y pragmática.