Película ligera y comercial que cuenta con tres actores que logran ganarse la simpatía del público, además de una buena banda sonora. Es entretenida y divertida, generando sobre todo muy buen rollo.
Simpática y fresca, esta película logra mantener tu interés sin que sientas que has desperdiciado tiempo ni dinero. Presenta acertadas disquisiciones gastronómicas, con la paella como protagonista.
Apoyándose en el excelente trabajo de las tres protagonistas, en una excelente fotografía y con una osadía inusitada a la hora de abordar el sexo, la directora defiende con uñas y dientes la tesis de que es posible revertir la situación de su país si las mujeres se plantan.
Altamente recomendable. Las protagonistas, la experimentada Cécile de France y la joven Izïa Higelin, que se encuentran a 15 años de diferencia, brindan un recital interpretativo intenso y fascinante.
El filme, rutinariamente dirigido, se mantiene y se disfruta gracias a la química entre los dos protagonistas y a unos diálogos afilados en los que predomina el humor negro a costa de la vejez y la cercanía de la muerte.
No pasará a la historia por su originalidad pero sí por haber descubierto a una de las jóvenes actrices más fascinantes de las últimas décadas, la cuasiadolescente Lola Le Lann.
Talento visual no se le puede negar a Wright; sin embargo, su virtuosismo provoca que, al igual que con los árbitros poco acertados, el público se concentra más en sus próximas decisiones que en la narrativa que se desarrolla en pantalla.
Un producto retrógrado y vejatorio para las mujeres. Una sucesión de situaciones estúpidas e irritantes, filmadas con torpeza por un director que desconoce los resortes de la comedia.
Aburrida 'road movie'. Tres personajes que son estereotipos mil veces vistos, y los diálogos, que intentan ser brillantes, carecen por completo de chispa.
Los dibujos son de una pobreza alarmante y la animación, bastante desanimada. Algo que tampoco sería excesivamente negativo si la historia resultara fascinante, pero tampoco ése es el caso.
Se le puede pedir de todo menos originalidad, porque carece por completo de ella. A cambio, se le puede pedir que trasmita buen rollo, y lo transmite un digno y agradable entretenimiento.
Día a día de la fauna que puebla la cordillera Cantábrica, maravillosamente retratado en una película que le da un nuevo significado al término documental de naturaleza.
Con estética de telefilme de sobremesa (de lujo, eso sí) y demasiadas arritmias provocadas por un guion que da más bandazos de los que debiera avanza a trompicones.
Es una de las películas más arriesgadas, emocionantes y existencialistas que se han estrenado en mucho tiempo, en la que la belleza y la reflexión cohabitan en perfecta armonía.
Parece más un proyecto diseñado para convertirse en un título de culto, con el objetivo de impactar a programadores y jurados de festivales internacionales, que para satisfacer a los espectadores comunes.
Atmósfera opresiva e inquietante, pero lamentablemente, en la última media hora, la película recurre a un susurro de sustos fáciles y previsibles, lo que lleva a inverosimilitudes absurdas.