Aunque cuenta con la valiosa actuación de Keaton, 'Worth' no logra librarse de una carga irónica desafortunada. La película transforma lo que debió ser un drama emocional en una historia de redención demasiado calculada.
Ofrece numerosos alicientes visuales, derrochando una energía indómita que la película en su conjunto habría necesitado para liberarse de los clichés que la lastran.
El alarde de técnica logra que refleje eficazmente el paisaje emocional de sus personajes, y se implique en su periplo de una forma tan apasionada que al verla resulta difícil no hacer lo mismo.
Se esfuerza por parecer 'cool' y proyectar naturalidad, pero resulta demasiado calculada y autoconsciente. Es el tipo de película que al finalizar hace que el espectador se pregunte: "¿Eso es todo?".
Funciona como un correctivo; resulta difícil recomendarla, ya que es totalmente repelente y deja al espectador con ganas de una ducha y un orfidal. Sin embargo, ahí radica precisamente su eficacia.
Es superficial y encantadora, dirigida especialmente a los niños. Resulta ser una película tan agradable y refrescante como un vaso de limonada recién exprimida en una calurosa tarde de verano.
Dado el impecable trabajo en las secuencias iniciales, resulta frustrante que, a partir de ese punto, la cámara pase tanto tiempo en un espacio tan reducido con cuatro personalidades tan grandes.
Buena parte de la acción se desarrollan de manera intrascendente. La falta de sutileza en la narrativa se pone de manifiesto constantemente a través de la actuación de Javier Cámara en el papel de Abad Gómez.
Tiene mucho de relato autobiográfico y, por consiguiente, de catártico proceso de reevaluación personal y agradecimiento. Eso explica la calidez, el afecto y la honestidad que evidencia.
Un héroe sin carisma, caos y efectos especiales. El director Destin Daniel Cretton innova con personajes asiáticos y nuevas narrativas, pero culmina con resoluciones arquetípicas de la casa.
No se detectan intentos de reflexión y surge la pregunta sobre el sentido de su existencia. Sin embargo, lo que Maras parece esperar del espectador es simplemente que observe cuerpos caer.
Es posible que incluso los fanáticos más incondicionales sientan que la película tiene al menos 20 minutos de metraje de más, ya que no logran suplir lo que realmente le falta.
Resulta insólito el escaso interés que ‘La Sra. Lowry e hijo’ demuestra tener por su propio protagonista, y el melodramatismo de la situación llega a ser sofocante.
La avasalladora nueva joya animada de Pixar deslumbra con su estética. Las coreografías de acción están exquisitamente orquestadas y se presenta un derroche de brillantez visual.
Una de las mejores películas del año. Marder opta por permitir que la historia fluya de manera orgánica y se evita forzar giros o clichés melodramáticos.