Presume una cantidad abrumadora de decisiones mal tomadas que demuestran la influencia de la mala televisión en la estética del cine comercial mexicano. (...) la ejecución de Del Amo es siempre torpe.
La película lo hace todo mal: sus personajes son estereotipos, resaltados como tales por la selección musical; su última escena se adivina desde la primera.
La sinopsis nos promete una película de gangsters y, sin evadir los elementos típicos del género, los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra nos dan algo más vasto: una imagen de la tradición y el misterio defendiéndose como pueden del voraz hocico capitalista.
La película resalta en la obra de Del Toro por su singular estilo. La cámara, en constante movimiento, parece fluir alrededor de los personajes y sus entornos. Esto sugiere un intento de hacernos experimentar el mundo desde la perspectiva de un pez o de un hombre con características similares.
'La teoría del todo' es la teoría de la repetición encubierta; es el material con el que se construye una nueva sociedad que resulta igual a la anterior: el olvido.
A pesar de sus notables aciertos, creo que Saint Laurent no logra mantenerse en la frágil estructura dramática ideada por su director. Bonello no consigue ofrecer una experiencia completamente visionaria debido a la naturaleza principalmente dramática de las escenas.
Si 'César Chávez' conmueve e inspira, se debe a su visión simplista y maniquea. Diego Luna nos ofrece un retrato acrítico de un santo, y no la turbulenta vida de un hombre que careció de la visión y la humildad para mantenerlos y expandirlos.
Acostumbrados, como sus personajes, a cuestionar sus circunstancias, los Coen han decidido exponer los engaños de las idealizaciones estadounidenses y encontrar en sus recuerdos las ocultas desilusiones de la adultez.
Alexander Payne nos propone que el camino al futuro es voltear a lo clásico para encontrarnos de nuevo con las posibilidades más fraternas del cine y, más importante aún, con nosotros mismos.
Creo entender en buena medida —y admirar totalmente— lo que ha intentado Scorsese: un rescate no de lo que han sido los Estados Unidos históricamente sino de lo que sus más grandes soñadores — sus artistas— han deseado que sea: la ilusión de felicidad que sus gobernantes.
Lee ha creado, posiblemente, la película más militante de su carrera y no busca esconderlo sino obviarlo, (...) Y así, gritando, Spike Lee nos ofrece un valioso regreso.
[The Quiet Ones] carece de coherencia. Pogue incluso confunde con la representación del villano. Su monstruo, al igual que el resto de la película, se mueve por una necesidad primordial muy inferior a la reflexión o el impresionismo: busca sorprender.
'Buenos muchachos' es un antídoto que nos devuelve a la realidad, donde el vicio y la perdición son ineludibles, omnipresentes, implacables, pero a diferencia de los sueños también son remediables y redimibles.
Rose Glass presenta un pastiche desafiante que ilustra cómo los delirios de los años ochenta reflejan los de la actualidad. A lo largo de la narrativa, ofrece potentes símbolos de la fuerza femenina.
La mejor tradición italiana del siglo XX —Fellini, Pasolini, Antonioni, Rossellini y ¡Franco Battiato!— queda a buen recaudo, como en una sorprendente urna con huesos de santo y demás reliquias, en 'La chimera', de Alice Rohrwacher.
La cinta intenta darle seriedad a un género familiar pero se aferra a la convención; insulta el neoliberalismo pero ve con desconfianza la resistencia; reduce a un hombre a víctima para luego condenarlo por victimario.
Un conocimiento de la guerra de los corleonesi contra el gobierno italiano ayuda mucho para comprender la trama pero el absurdo de los procedimientos y la desvergüenza de los mafiosi crean una autenticidad que envidiaría Scorsese.
Más allá de sus cualidades estéticas, 'Las niñas bien' es importante en el cine mexicano contemporáneo porque representa lo que para muchos se ha convertido en un deseo: el fin de la aristocracia.