A pesar de sus notables aciertos, creo que Saint Laurent no logra mantenerse en la frágil estructura dramática ideada por su director. Bonello no consigue ofrecer una experiencia completamente visionaria debido a la naturaleza principalmente dramática de las escenas.
Si 'César Chávez' conmueve e inspira, se debe a su visión simplista y maniquea. Diego Luna nos ofrece un retrato acrítico de un santo, y no la turbulenta vida de un hombre que careció de la visión y la humildad para mantenerlos y expandirlos.
Acostumbrados, como sus personajes, a cuestionar sus circunstancias, los Coen han decidido exponer los engaños de las idealizaciones estadounidenses y encontrar en sus recuerdos las ocultas desilusiones de la adultez.
Alexander Payne nos propone que el camino al futuro es voltear a lo clásico para encontrarnos de nuevo con las posibilidades más fraternas del cine y, más importante aún, con nosotros mismos.
Creo entender en buena medida —y admirar totalmente— lo que ha intentado Scorsese: un rescate no de lo que han sido los Estados Unidos históricamente sino de lo que sus más grandes soñadores — sus artistas— han deseado que sea: la ilusión de felicidad que sus gobernantes.
Lee ha creado, posiblemente, la película más militante de su carrera y no busca esconderlo sino obviarlo, (...) Y así, gritando, Spike Lee nos ofrece un valioso regreso.
[The Quiet Ones] carece de coherencia. Pogue incluso confunde con la representación del villano. Su monstruo, al igual que el resto de la película, se mueve por una necesidad primordial muy inferior a la reflexión o el impresionismo: busca sorprender.
'Buenos muchachos' es un antídoto que nos devuelve a la realidad, donde el vicio y la perdición son ineludibles, omnipresentes, implacables, pero a diferencia de los sueños también son remediables y redimibles.
Rose Glass presenta un pastiche desafiante que ilustra cómo los delirios de los años ochenta reflejan los de la actualidad. A lo largo de la narrativa, ofrece potentes símbolos de la fuerza femenina.
La mejor tradición italiana del siglo XX —Fellini, Pasolini, Antonioni, Rossellini y ¡Franco Battiato!— queda a buen recaudo, como en una sorprendente urna con huesos de santo y demás reliquias, en 'La chimera', de Alice Rohrwacher.
La cinta intenta darle seriedad a un género familiar pero se aferra a la convención; insulta el neoliberalismo pero ve con desconfianza la resistencia; reduce a un hombre a víctima para luego condenarlo por victimario.
Un conocimiento de la guerra de los corleonesi contra el gobierno italiano ayuda mucho para comprender la trama pero el absurdo de los procedimientos y la desvergüenza de los mafiosi crean una autenticidad que envidiaría Scorsese.
Más allá de sus cualidades estéticas, 'Las niñas bien' es importante en el cine mexicano contemporáneo porque representa lo que para muchos se ha convertido en un deseo: el fin de la aristocracia.
Sería absurdo pensar que es suficiente el dominio técnico para hacer una película valiosa. La falta de originalidad en las decisiones de León de Aranoa hacen (...) un filme más derivado de sus influencias que capaz de hacer algo nuevo.
El director Luis López Carrasco a veces divide la pantalla en dos para mostrarnos varios diálogos simultáneos y expresar la cantina donde suceden los diálogos —o monólogos— como el espacio esencial de la esfera pública.