Melfi no inventa nada, pero mientras dura, 'St. Vincent' posee el encanto que le da un guión abundante en gags ingeniosos y un elenco en la cima de sus talentos.
Fuera de su contexto, la película resulta una continuación del legado de Jarmusch, pero, inevitablemente ligada a él, es un acercamiento histórico a una historia interrumpida por el fundamentalismo religioso.
Una comedia donde el humor fluye como en la vida: accidentado y espontáneo. Por lo tanto, es también una cinta difícil que exige disposición y apertura, pero que resulta gratificante y conmovedora.
Oscilando entre el conflicto y el humor repentino, el director trata de crear un balance para hacer de una película sombría algo un poco más ligero, aunque sin descarrilarla.
Stoller no impone los temas ni se extiende en su exploración, ya que estos están presentes en cada rincón del filme y se entrelazan para crear una comedia excepcional.
La ridiculez de todo y el aumento imparable de su tono conjuran una farsa casi magnífica, salvo por el hecho de que Dupieux no sabe cómo terminarla y simplemente le otorga un final que, aunque no desentona con sus chistes, anula toda posibilidad de sentido.
En cierto modo Jarmusch envejece durante el metraje conforme lo vemos pasar de adolescente entusiasta a señor alarmado, pero si él es incapaz de escoger su voz, los espectadores podemos elegir con cuál versión de él quedarnos.
El balance tragicómico es tan agudo como siempre en la filmografía de Baumbach. Los gags siempre conllevan un significado simbólico, y la película, aunque emotiva, evade con destreza el sentimentalismo y la simplicidad.
Denis busca siempre algo que mirar. Nadie puede negar que está experimentando en su búsqueda de la originalidad. Quizás el mayor placer radica en la presencia ineludible de Binoche. Con sus gestos y su mirada, logra transmitir una credibilidad muy necesaria.
Alexander Payne consigue mucho mérito al convertir una ocurrencia incluso boba en una fascinante cinta de ciencia ficción que habla al mismo tiempo de la desigualdad, de la gentileza y de la reacción absurdista al fin último de todas las cosas.
Con todo y las ligeras admisiones de artificialidad en su tono de caricatura creíble, 'Sieranevada' no es una excepción sino un nuevo paso en la brillante carrera de Cristi Puiu.
El director Roberto Sneider tiene la capacidad de adaptar la novela a un filme que, aunque comercial y convencional, cumple con su propósito. No se le puede reprochar que no busque cambiar las normas del cine; su enfoque está en entretener a la audiencia, y su estilo cinematográfico refleja claramente esa intención.
La incomodidad y lo vergonzoso definen los gags, que en sus mejores momentos reflejan la consciencia de su protagonista y sus necesidades superficiales y profundas, pero en los peores carecen de ingenio y de relación a las circunstancias de Amy.
'Oh Boy' es un viaje de maduración, una épica que se desarrolla en dos niveles. Se presenta de manera ambigua pero poderosa, embarcándose en una odisea al estilo de Joyce para descubrir la esperanzadora belleza de un día que se desmorona.