En 'Paterson', los poemas del conductor de ómnibus, Paterson, se presentan mediante su voz y texto manuscrito, coexistiendo con la representación cinematográfica del personaje. Este es, sin duda, el aspecto más destacable de la película.
Es cine comercial que logra ser percibido como una peripecia política de entretenimiento, aunque en algunos momentos se siente casi al estilo de Hitchcock. Sin embargo, carece de la claridad narrativa y los valores morales típicos que suelen caracterizar al cine de Hollywood.
En definitiva, otro producto de un cine norteamericano elaborado según parámetros que aseguran un consumo discreto por parte de quienes buscan intrascendencias tan olvidables como anodinas.
La aparente sencillez formal y visual es buen recurso para equilibrar, resaltando a su vez, elaboradas psicologías. Perspicaz observadora, la autora del film, alternativamente, se distancia de sus criaturas o se coloca (nos coloca) en el sitial de estas.
El chispeante inicio del asunto rápidamente se estanca, el material anecdótico se agota y el film deviene en reiteraciones que a su vez se parecen en demasía a lo visto en otros films con tema similar.
Transcurridos menos de cinco minutos iniciales, donde aparecen un par de frases y situaciones con cierto humor, esta comedia se convierte en acopio de actitudes solidarias y fácil triunfo de cuanto ser humano por aquí transita.
El film presenta aspectos interesantes. Sabe liberarse del pesimismo trascendental que a menudo afecta al cine uruguayo. La realizadora demuestra un notable conocimiento sobre la sólida base con la que desarrolla a sus personajes.
El realizador y guionista maneja la trama con una soltura que facilita la aceptación entusiasta de una realización que, aunque poco auténtica en su guión, resulta simpática. Sin embargo, al salir de la sala, es posible reconsiderar seriamente la calidad del filme.
La autora presenta una película notable, empleando un humor mordaz y corrosivo como medio para realizar observaciones más profundas. Esto lo logra en setenta y un minutos llenos de un interés trepidante.
El cine de Duprat y Cohn nos lleva al resbaladizo terreno de las relaciones entre el artista, la obra y su público. Lo hace de una manera que no resulta aburrida. El cine argentino sigue avanzando con madurez y talento.
Con muy buen cine, Burman ofrece un cuadro de solidaridad, quizás demasiado exento de debilidades humanas. Su film luce, lo cual no es reprobable, como un cariñoso homenaje a una comunidad con rasgos endogámicos.
Borgia y Madeiro crean un guion que se limita a sus propios propósitos y sentido del humor, dejando poco espacio para que resuene con un público más amplio.
El mayor logro del film, junto a la corrección muy profesional de los rubros técnicos, está en unas intérpretes que logran dar credibilidad a sus roles, por encima de las simplificaciones del guión.
La realización de Tognazzi se puede clasificar dentro del cine romántico convencional, con sus atractivos y defectos inherentes. El cine LGBT ha superado la necesidad de elementos escandalosos; se ha consolidado como una forma de arte por derecho propio.
Fiel a su capacidad de síntesis, Allen arma todo este entramado, define y ubica a numerosos personajes, con caleidoscópica y acronológica sucesión de secuencias donde el pasado emerge a manera de necesaria y rápida explicación del presente.