Lo mejor que se puede decir de 'El conjuro' es que es entretenida, que consigue la atención del espectador en un bien armado juego de ir agregando de a poco los elementos que ya todos sabemos que salen al baile en una historia así.
Buena parte de la película —fácil su primera hora— resultará farragosa e ininteligible para el espectador desprevenido. Aún así, esta es una película —como historia y como cine— muy interesante.
Un desperdicio. Meryl Streep hace una magnífica caracterización, lo cual resalta en un gran trabajo que navega en medio de un guión muchas veces ramplón y un montaje errático.
Una historia humana, encantadoramente relatada, que más que darnos lecciones nos invita a compartir con dos arquetipos de antihéroes, bastante corrientes al final de cuentas.
Estamos hablando de un guión espléndido, agudo, cuyos diálogos sosos se escuchan como la cadencia de este zumbido de testosterona liberada y concentrada en una ciudadela.
El estilo del filme está marcado por el carácter y la personalidad del protagonista: la cámara y las imágenes son “sucias”, urgentes, un campo de batalla.
La Diana que construye Naomi Watts es muy humana y lejos del estereotipo, aunque vestuario, maquillaje y peluquería hayan buscado el parecido con el personaje que representa, como es lógico. (...) se deja ver y muy bien.
Si usted es un joven padre que comparte sus niñerías con sus hijos, vaya y llévelos con toda paz. Este es un capítulo largaduración que se convertirá en uno de esos momentos familiares inolvidables.
Se trata de una espléndida y original pieza de cine negro, que traspasa con largueza las fronteras en que se ha movido este subgénero, y que circula también muy eficazmente en las arenas movedizas del thriller y el drama sicológico.
El despliegue de diseño, tanto en el interior como en el exterior de la nave, enriquece la narrativa sin resultar excesivo. En cuanto al guión, los personajes evolucionan, se desdoblan y regresan, todo de manera fluida, lo que refleja un relato bien construido.
Es de esas películas que hay que ir a ver. No solo por sus 12 nominaciones sino porque es esa clase de producciones que provocan desde adhesiones apasionadas a rechazos decididos, pasando por reparos moderados o puntuales.