Una comedia que inicia de manera suave y picaresca, con momentos que llegan a ser exquisitamente delirantes. A pesar de sus defectos, se trata de una película meticulosamente filmada y ambientada, con un elenco de actores que cualquier director desearía tener.
'Amy' es un ejemplo sobresaliente de cómo se debe realizar un documental, un cine de no ficción que ha elevado continuamente sus estándares y, lo más notable, se ha vuelto cada vez más accesible para el público.
Quizás por lo excesivamente cercana y reciente de la historia, lo más interesante es lo que queda pendiente: la reflexión sobre transparencia, libertad de expresión, ética y responsabilidad.
A 'Lincoln' se le nota el peso de la historia y del icono: es una película discursiva que, probablemente, a algunos espectadores les llegará incluso a resultar algo tediosa.
Independiente de si usted incluye o no a Woody Allen entre los grandes del séptimo arte, este es un documental que tiene un gran valor en sí mismo y que anota varias sorpresas atractivas e interesantes.
El director David Mackenzie tiene un dominio excepcional del tempo narrativo. A pesar de utilizar numerosas elipsis, logra mantener una cámara al nivel de un hombre sentado conversando con una cerveza en el porche, mientras que la profundidad de campo revela objetos al fondo que se convierten en pistas significativas.
Matt Ross, director y guionista, más conocido como actor (de TV, principalmente) acertó en el casting, las atmósferas y el compromiso afectivo que logra instalar en el espectador. Pero no supo qué hacer con el final.
Muy violenta -explícitamente violenta-, 'Drive' circula desde la acción y el suspenso, al filme de mafiosos, pasando un rato por el drama romántico, derivando a la tragedia, en un mix de géneros que en realidad es indecisión y falta de estilo.
Una película encantadora, “nice”, algo plana es cierto, pero lo suficientemente agradable como para complacer a un público que busca exactamente eso en las salas de cine.