La descripción de 'Imperium' del submundo del nacionalismo blanco funciona principalmente como un trasfondo para un thriller policial, y la película se destaca más cuando se concentra en ese aspecto.
Suficientemente efectiva como fábula moral sobre la terca ignorancia y como escaparate para Will Smith, la película acaba tumbada por un guion tópico y confuso.
El documental deportivo de Asif Kapadia y Joe Sabia logra transmitir muchas emociones, aunque también muestra algo de tenis. Sin embargo, Roger Federer merece un retrato más profundo.
Como retrospectiva para los fans, da en el clavo muchas veces; como oportunidad para indagar en una figura complicada y todavía influyente, no profundiza lo suficiente.
Un retrato emotivo y sorprendente del actor Anton Yelchin. Actuar es una tarea mayormente invisible y esta película ofrece algunos ejemplos fascinantes del proceso de Yelchin.
Hermosamente grabada y editada, 'Pope Francis' presenta al líder espiritual de una manera que un equipo de cine puede lograr. La producción logra capturar la esencia de su figura y transmitir su mensaje de manera impactante.
Grabada de forma impresionante y con una honesta llamarada feminista, el film se ve debilitado por un guion confuso y torpe y una ausencia importante de enfoque temático.
La película podría ser interesante para los públicos europeos y latinoamericanos, sin embargo, se presenta como una obra caótica y superficial que no logra desentrañar el enigma de su personaje principal ni logra unificar sus elementos de manera coherente.
La película se desarrolla de manera sorprendente, apoyada en las excelentes interpretaciones de George Clooney y Julia Roberts, una dosis de humor inteligente y la efectiva dirección de Foster.
El resultado ofrece momentos de diversión ocasional, destacando varios gags visuales que logran hacer reír. Los personajes secundarios interpretados por Alan Arkin y Kevin Hart son un punto a favor que agradará al público. Sin embargo, la trama es tan predecible que acaba por desmerecer su propio objetivo.
Un elegante y vistoso intento de aportar algo de creatividad emocional al género del terror. No se puede decir que lo logre totalmente, pero al menos se debe reconocer a sus creadores la valentía de su ambición.
Una película ejecutada con profesionalidad, pero sin sangre. Un homenaje que se ciñe con reverencia a su fuente de origen, pero al que le falta el espíritu esencial y la vitalidad que en su momento le dieron fuerza a la misma.
La secuela de la parodia de Marlon Wayans es tan inepta y pueril como su predecesora, pero que nadie diga que su guionista y protagonista no hace todo lo que puede.
Un trabajo absolutamente funcional que añade suficientes elementos excéntricos como para animar lo que es básicamente un recauchutado de la fórmula original.
La película presenta un retrato efectivo, aunque algo esquemático, de las innumerables fisuras y grietas del sistema legal que pueden afectar a una persona inocente.