Un engendro amorfo y artísticamente insignificante: un rentable engañabobos. No estamos ante la energía creadora de una obra artística sobre la violencia, sino ante la fofa blandura de una simulación o un juego de violencia de barra de pub de moda ñoña.
Kathleen Turner ofrece una actuación excepcional, destacando con gran convicción, aunque la película no parece ajustarse completamente a su talento. Aunque se presenta como una comedia atrevida y mordaz, Waters carece del ingenio necesario para lograr un mayor impacto en los gags. En definitiva, se trata de una obra que cumple con su función, pero
Weir realiza un excepcional trabajo al llevar la historia a la pantalla, aunque en ocasiones resulta excesivamente benévolo. Sin embargo, logra mantener el interés, gracias a la actuación del capitán interpretado por Russell Crowe, quien brilla con su destacada habilidad.
Filme insólito y de raras calidades, sostenido con humildad a ras de documento y que conjuga con vigor y buen candor las chispas y los elementos de un choque histórico y estético de edades que sigue siendo siendo hoguera encendida de la crónica de la España trágica, blasfema y homicida.
La ocurrencia de no asumir la plena desnudez de las doce flores maduras vuelve a la película un tanto timorata y cursi, lo que provoca que pierda rápidamente su eficacia y frescura inicial. A medida que avanza la historia, la narrativa se vuelve morosa y repetitiva. Sin embargo, una vez más, el cine británico demuestra que la habilidad y el talento
Película compleja e intrincada, no fácil de seguir, llena de recovecos argumentales sin duda muy arriesgada y, por ello, interesante. A ratos, incluso excelente, pero en conjunto está desequilibrada.
Acabadísima y llena de buen gusto, un espectáculo muy vivo, trepidante, apasionante, con un guión que el director resuelve con un talento, solvencia y brillantez fuera de lo común. Asombroso reparto.
Una película ingeniosa y creativa, aunque su ejecución resulta desequilibrada y caótica. Logra entretener y ofrece deslumbrantes imágenes, pero carece de sustancia, dejándonos con una sensación de vacío.