La película resulta agradable, aunque carece de impacto. El director, Mike Newell, presenta el guión de manera correcta, pero con una notable falta de estilo, mostrándose excesivamente servil ante el mismo.
La película, víctima de un guión repleto de situaciones previsibles y personajes con apariencia de muñecos, resulta ser un conjunto vacuo de brillantes y rápidas estampitas creadas con ingenio visual. Aunque hay imágenes iniciales bien ejecutadas e inquietantes, la eficacia de la trama se desvanece tan pronto como termina el filme.
El cielo sube es un experimento apasionante, que deja ver dentro la mirada de un cineasta originalísimo y con una tremenda capacidad de síntesis. El milagro de un muchacho aprendiz de cine que no se va por las ramas, sino que apunta con su cámara a la médula de las cosas.
Brillante y retorcida, artificiosa y, obviamente, sobrevalorada. Lynch juega a hacernos creer que él tampoco entiende qué demonios ocurre al final, ni en medio.
Una película muy interesante y muy irregular. admirable guión y banda sonora, la dirección de actores es titubeante, carece de homogeneidad. El otro defecto grave es de puesta en escena.
Ideas sin imágenes. El desequilibrio del guión es notable y evidente. La película pierde coherencia y dirección en los últimos tramos y, cuando debería elevarse, se desploma y se hunde.
Con un gozoso aroma macabro, esta obra se presenta como una experiencia divertida que atrapa al espectador desde el inicio. Los giros inesperados y el humor negro entrelazados con la trama generan una atmósfera envolvente que, sin duda, deja una impresión duradera.
Saura ofrece una clase magistral sobre cómo entrelazar de manera armoniosa elementos diversos. Su obra está cargada de intensidad, con un toque de sentimentalismo, una radicalidad ética y una ternura que genera una profunda emoción en el espectador.
Comedia intensa, macabra y en gran medida excéntrica. Este magnífico disparate se mantiene gracias a la astucia de Sabroso y Ayaso, así como a un reparto excepcional en estado óptimo. Destaca una impresionante Candela Peña, quien logra deslumbrar con su talento absoluto.
Rara y curiosa comedia coreana que sugiere el potencial de un gran director en el futuro. Su ritmo no se adapta a lo que entendemos como comedia en los patrones del cine occidental. Presenta gags construidos sobre la mecánica del absurdo, con un humor que, más que negro, resulta críptico y, en ocasiones, brutal o cruel.