Una especie de 'El nombre de la rosa' en el interior del profundo islam sunita. Saleh lleva con buen ritmo este thriller conspiratorio, pero sobre todo destaca la valentía de la producción para penetrar en las cloacas del Estado egipcio.
Una película minimalista y visualmente impresionante, aunque en ocasiones se centra demasiado en alcanzar una poética. Kogonada parece perder la tensión y estira excesivamente ciertas situaciones. Lo que comienza como una historia hermosa, se torna en exceso idealizada.
La película aborda conceptos intrigantes, sin embargo, su realización es anticuada y carece de una puesta en escena que logre transmitir la magnitud del entorno.
Todo parece un disparate, pero Lav Diaz tiene sus mecanismos para convertir sus películas en obras de culto, en receptáculos de un cine radical que sobrevive reinventándose constantemente.
La película parte de una premisa equivocada y utiliza ejemplos de manera indiscriminada, lo que sugiere que estos son esenciales para un discurso que nunca se desarrolla adecuadamente, resultando en un fracaso.
Estamos ante una obra que sigue los patrones del género al mismo tiempo que los modifica. Haynes crea un discurso tan apasionante en lo temático como en su potente investigación estética.
Una brillantísima película, perfectamente ajustada y medida. (...) que también habla de cómo la ficción puede apropiarse de la realidad para, a partir de sus mecanismos, mostrar el desgaste que el sufrimiento implica en las relaciones afectivas.
Triet presenta su tercer largometraje con una clara elegancia, logrando una construcción notablemente bien elaborada. Sin embargo, la película intenta abarcar demasiados elementos y se expande en muchas capas.
Anna Rose Holmer y Saela Davis demuestran un gran control en su dirección, logrando mantener las elipsis en los momentos adecuados, aunque en ocasiones el desarrollo de lo trágico se siente algo forzado.
'Vidas pasadas' se presenta como una película encantadora. Aunque carece de profundidad y tiene momentos de cine postales, es un filme que evoca la nostalgia de los amores perdidos de la infancia y enganchará a quienes desean recordar esos tiempos.
La primera parte tiene todos los ingredientes para una buena película. Sin embargo, la metáfora resulta tan evidente que se vuelve absurda, asemejándose a una lección básica de psicoanálisis.
Un relato emotivo y triste sobre las dependencias afectivas y filiales, una película sencilla, más transparente que 'La isla de Bergman', marcada por la búsqueda de un tono justo que otorgue al relato una cierta verdad interior.
Honoré parte de una excelente idea y Chiaria Mastroiani brilla en su actuación, aportando un encanto especial a la película. Sin embargo, parece que Honoré no logra manejar por completo todas las piezas en juego, lo que resulta en una obra con altibajos.
La trama avanza de manera muy directa y simple, lo que puede parecer efectivo, pero se echa en falta un poco más de profundidad y complejidad en el desarrollo.
Mouret presenta diálogos meticulosamente construidos que evocan lo más destacado de Guitry y Allen, al mismo tiempo que rinde homenaje a una tradición del cine francés que abarca desde Éric Rohmer hasta Jean Eustache.