Es un tipo de cine con vocación pedagógica y no poco de autoayuda, cuyo eje dramático es uno de los conceptos más poderosos y persistentes en el cine de Hollywood. (...) la industria de las segundas oportunidades y sus películas lo proclaman y predican.
La última película de Clint Eastwood se siente como un ejercicio de propaganda tanto militar como turística. Es complicado hallar una imagen que no esté al servicio de ese discurso institucional.
El tono de la película no sigue un camino dramático claro; más bien, se inclina hacia una comedia amable y, en ocasiones, ligera. En este contexto, la reina Victoria representa la realidad, mientras que Abdul se percibe como una simple curiosidad.
Es un tipo de cine con imágenes planas y desprovistas de pericia e inspiración, porque cuesta encontrar un ángulo, un detalle o un movimiento de cámara. (...) es el teatro filmado de una obra de teatro que nunca existió.
La película no se fija en gastos y se sostiene sobre un par de secuencias espectaculares de acción y destrucción, donde hasta los autos vuelan. A la historia no le falta humor.
Maite Alberti filma a las protagonistas con dedicación, manteniéndose a su lado hasta el final. El documental se transforma en una bitácora, un homenaje y un testamento.
Hay directores chilenos, y también directoras, que se toman muy en serio y sus películas son aburridas y decepcionantes. Ernesto Díaz Espinoza anda por otro carril: no se toma en serio y filma 'Santiago violenta', una gran película.
Película precisa, correcta y ordenada, pero nunca aparece lo que tuvo James Gray en sus mejores obras: 'Los dueños de la noche' y 'Los amantes'. Películas de otro género, es cierto, pero un cine de sentimientos y frustraciones profundas.
Ozon amplifica la historia y extiende la tragedia, explorando sus múltiples consecuencias, algo característico de su cine. Presenta sentimientos inciertos, prejuicios engañosos y revelaciones inesperadas, ya que cada individuo es un relato que encierra otro relato.
'Promesa de vida' es una advertencia sobre los argumentos y obligaciones del cine convencional. En pocas ocasiones se siente el ardor y la desesperación de la batalla, así como el heroísmo anónimo y la tragedia del soldado desconocido.
Después de 'Blue Jasmine', que fue una película notable y conmovedora, Woody Allen toma respiro y cambia de dirección. Tras filmar un episodio devastador, ahora presenta una historia más sutil y menos estridente.
'Neruda' se sostiene sobre un extraño vacío, ya que uno de los protagonistas actúa de manera impostada, convirtiéndose en un elemento ajeno que revela lo peor de 'Fuga': pretensión y cursilería. Sin embargo, aún hay aspectos positivos que resaltan en la película.
Hay algo anacrónico y museístico en la película, que no es solo un asunto de época y ambientación. Es el ritmo, el clima y los elementos de la narración, con efectos especiales mínimos, escenas de sexo tenues e implícitas y no hay nada que ponga distancia con un género extinto y de otra época.
La película se encarga de explicar el asunto y unir las piezas, pero lo hace con el peso de la burocracia y personajes no muy simpáticos. Es una historia narrada en horario de oficina y en vez de aventura y misterio se presiente la rutina de la repetición.
Una película que habría emocionado y entusiasmado a Walt Disney, porque sus materiales de construcción son familia, patria, religión, lágrima, cine, fábula y lo último no es lo menos importante: es una película bien contada. No es la vida como es, sino como debería ser.
'La danza de la realidad' de Alejandro Jodorowsky es valiente, honrada y testamentaria, porque un señor de 85 años extiende sus brazos, le habla a la cámara y filma la ofrenda: aquí está su vida, obras y motivos.