Es el Olimpo del mercado cruel y salvaje, son los términos de su religión y es la biografía de uno de sus dioses más terribles y fugaces. Y el director Martin Scorsese, como en tantas de sus películas, no filma el sueño americano, lo que filma es su pesadilla.
Es una de esas películas de actuaciones extremas y, por tanto, tan físicas y evidentes como los acontecimientos que relata y los sentimientos e ideas que desprende.
La película esboza dos líneas argumentales para dar a conocer la época y el contexto. Sin embargo, lo hace de manera superficial y poco convincente, ya que no hay un análisis profundo de los mecanismos y la intimidad del fenómeno colectivo.
Esta no es una vía de cruces, milagros y salvaciones, este es un calvario de sufrimiento y maldad y la película no cede y se hace cada vez más implacable, asfixiante e irrespirable.
Es una película remolona, demorosa y que tarda demasiado en salir del letargo. Si la saga sigue en este proceso desangelado, ni la inercia de la industria la rescata.
Es curioso que una película, según los parámetros de 'Alien', permita el ingreso de cavilaciones, confesiones y conversaciones que se pueden calificar de profundas, para decirlo con ligereza. (...) Pero 'Life: vida inteligente' es lo que es, y en eso consiste su género y su gracia.
En el fondo subyace la ambición testamentaria de un viejo director que no se conforma con dejar una criatura extraterrestre, sino que quiere legar una génesis y una mitología. Alguien podría decir: es como mucho. Ese es justamente el cine de Ridley Scott.
El verdadero problema de la película no radica en el mar, el tiburón o la surfista, sino que en su duración: se siente alargada. A medida que avanza, la sensación de aburrimiento se hace evidente. Quiero que la acción ocurra, pero parece que pasa una eternidad para llegar a eso.
'Sully: Hazaña en el Hudson' es una obra diferente. Esta película de un veterano director refleja su admiración por su país y su sistema, siguiendo la filosofía de Sully: en ella no hay nada extraordinario, solo un trabajo bien realizado.
En 'Dunkerque' solo hay un rango temporal y espacial. La película captura ese instante con la urgencia de la desesperación y la angustia del escape, centrada en el más humano de los gestos: aferrarse a la vida. Por ello, resulta tan poderosa, hipnótica y absorbente.
La película, y esta es su mayor virtud, asume el primer mandamiento del cine clásico estadounidense: contar una historia. Y hacerlo bien y con talento narrativo, porque hay un discurso, pero no es discursiva.
La película no emplea ni un minuto en segundas lecturas ni siquiera lo intenta, porque el implícito es que no las hay, y lo único aceptable es un solo mapa y una sola lectura, donde nadie puede perderse.
Esta es la primera película de Alex Anwandter y se reconoce que sus imágenes fueron caviladas y pensadas. Es una película arriesgada, porque rompe y reemplaza el eje del relato de manera inesperada.
Pomposa, onírica y altisonante, porque Alejandro González Iñárritu ya no se conforma con dirigir un género -entonces no es un western y tampoco una aventura- sino algo más: una obra de arte.
'Los 33' es un cine satisfecho de sí mismo que persigue el contento de los protagonistas y que viva la suma de Chile, donde todo el mundo es bueno. Es la historia oronda y oficial.
La sociología, el turismo y la sicología están por allá lejos, acá está el cine y lo más propio de un director que es contar una historia lo mejor posible. Filmar a los personajes como corresponde, sin mentiras ni tretas, y por eso el talante clásico, los encuadres cuidadosos o la cámara que sigue la intimidad.