La película recorre los aspectos habituales que distinguen creencias y culturas, como la religión, la ideología, la gastronomía, las costumbres y el vestuario. Su tono es generalmente amable, aunque en algunos momentos se vuelve más incisivo.
Esta película irradia una atmósfera de ensueño, con trajes de lino y colores suaves que crean una sensación de lujo. Los cisnes nadando en la laguna y el ambiente de opulencia se presentan con una sensibilidad casi publicitaria, logrando un toque decorativo e idílico.
En algún punto y en torno a la hora, no logra sostenerse y la necesidad de resolver el misterio conspira contra la película. La historia se desarbola, desordena y desparrama. Esta era una película que no requería mayores explicaciones ni palabras de más ni efectos inútiles.
La región salvaje es una película ríspida y dispareja, muy imperfecta si se quiere, pero es mucho más interesante de lo que cualquier apariencia sugiere.
Jodie Foster no es Sidney Lumet y presenta una visión del mundo que se siente distante. En una película con la firma de Lumet, el protagonista habría sido Budwell, interpretado por una estrella de Hollywood.
El espejo es, en realidad, el verdadero protagonista. Es poco probable que se realice una tercera parte. No obstante, las dudas sobre la continuidad de la saga podrían haberse aclarado.
Esta es una película menor e inusual, porque parece filmada con los escasos elementos que registra la historia: pobreza, silencio y supersticiones. la película se escora, se hace difícil de tragar y claro que le entra agua, pero resiste y no se hunde.
Es una película de formato reducido, con una narración ágil y tensa que se mantiene enfocada y avanza sin desvíos: hacia adelante; sin flashbacks ni giros innecesarios. Parece pertenecer al cine de serie B, con un presupuesto limitado para su producción y toma de decisiones, pero ejecutada con la habilidad de un buen profesional.
No es aburrida ni sosa, y definitivamente no es un desperdicio. Se desarrolla con la inercia de la industria y el tradicional arte de contar historias de acción simples y poco exigentes. Sin embargo, es necesario tener paciencia para disfrutarla.
En 'Mientras somos jóvenes' el desencanto por el cine se presenta como un tema central, aunque también puede ser visto como una moda o una impostura. Con Noah Baumbach, persiste una sospecha que aún no se aclara.
No deja de ser lo que es: una comedia romántica a velocidad de crucero que apenas deja estela. En el fondo marino, sin embargo, hay una historia cívica desaprovechada y desechada.
'Casi un gigoló' se construye con la aspiración de un libro antiguo o de un automóvil descontinuado, con personajes algo desgastados por el tiempo que se desmoronan y desaparecen. Aun así, todavía tienen la capacidad de lanzar un petardo, contar un chiste o idear una travesura.
Andrew Dominik es un buen director, pero aún está en el proceso de limpiar influencias, botar parecidos y construir, por fin, un mundo propio y personal. En 'Mátalos suavemente' se siente ese lastre: el peso de lo ajeno.
Jon Favreau, con estas mezclas, inspiraciones, aliños y fusiones, supo preparar una especialidad de la casa. Esta es una comedia básica, sencilla y familiar. No es un banquete, pero tampoco una colación y al menos da hambre.
Mungiu demuestra una habilidad narrativa excepcional, logrando una continuidad impecable y un ritmo que se sostiene en una velocidad constante. Aquí, todo puede suceder, pero nada verdaderamente cambia, reflejando el agobio de la rutina diaria.
Es una pequeña gran película, realizada con sagacidad, aire crítico, delirio cinéfilo y con dos momentos de humor inolvidable: el brazo del zombie y la búsqueda de una virgen.