Lástima que, lejos de hacer honor a su apellido, Danny Strong demuestre una notoria debilidad de inspiración a la hora de plantearse nuevas soluciones formales a momentos mil veces narrados.
Se incorpora con absoluto merecimiento a esa selecta lista de piezas dedicadas a exorcizar el severo trauma causado en el seno de la sociedad nipona por aquella primera explosión atómica. Encoge el corazón.
El resultado convence lo suficiente por la vía emocional como para trascender el mero ejercicio estilístico, y permite reencontrarnos con un Ben Foster que, de nuevo, justifica no quitar los ojos de una pantalla.
No cuesta mucho rendirse ante las virtudes de 'El profesor de persa', una obra de premisa ocurrente, factura impecable, interpretaciones de quitarse el sombrero (o la kipá)
Hábil película donde el director tiene claro que su futuro depende de no exagerar en los momentos cómicos, logrando una mezcla equilibrada entre lo adorable y lo sombrío.
Refinada pero ardorosa, accesible pero solemne, anclada en un academicismo formal, cuenta con suficientes virtudes para trascender su naturaleza de sucedáneo.
Más osada de lo que parece, menos academicista de lo que podría haber sido y casi igual de cruel que el texto original, resulta ser mucho más inesperada y perturbadora de lo que el tráiler sugiere.
Hancock modula hábilmente la ironía de una propuesta que lo retrata una vez más como un buen director, quien probablemente se sienta tranquilo al saber que no es Billy Wilder.
Una tragicomedia inusual cuyo atractivo se transforma en mueca, donde lo peculiar se alinea con lo patológico. Lo mejor: su habilidad para mezclar géneros. Lo peor: su propuesta puede resultar demasiado desconcertante para el público en general.
Esteban Roel y Juanfer Andrés ya contaban con una madurez cultural y una sólida experiencia previa, lo que les permitió crear un producto narrativo tan preciso en su ejecución, lleno de matices y, al mismo tiempo, muy entretenido como 'Musarañas'.
Un relato humanista y cinéfilo que se presenta como una carta de amor al cine. Escasean las obras que combinan un humanismo tan terrenal con un discurso genuinamente universal. El último trabajo de Lone Scherfig destaca por esta profundidad reflexiva.
Uno asiste con la mandíbula caída al abrumador derroche físico y anímico que despliega Renée Zellweger. Es una película que 'hay que ver' porque lo que realiza su protagonista, simplemente, vale la pena.
Una obra maestra. Esta película impacta por lo bien estructurada y excelentemente realizada que es. Se trata de un proyecto maravillosamente ejecutado que ofrece una experiencia de visionado altamente gratificante.
La más satisfactorio y congruente en fondo y forma de toda su filmografía de Masset-Depasse, es una película que se enorgullece de su condición como ejercicio de estilo.
Atinado ejercicio de moralismo, tanto conmovedor como divertido. Puede sonar a lo habitual, sí, pero sin caer en la 'panfilería' ni en la abyección 'inspiracional'. Es un gran mérito del director Payne.
Altísimo valor didáctico y gran solvencia fílmica, conviven en esta obra rebosante de encanto, maleabilidad tonal, poder de inspiración y ligereza en el buen sentido.