Un artilugio de misterio impactante y ocasionalmente cautivador, que se alinea con las tendencias actuales del consumo audiovisual y se mantiene fiel a la rica tradición del entretenimiento popular de Italia.
Portento animado que cautivaría a todo aquel con un mínimo aprecio por la estética visual. Cada plano es una maravilla dibujada que desearías tener en casa para adornar tus paredes.
La película está destinada a quienes disfrutan de enfoques variados. Destaca su deseo de ir más allá de una simple oferta veraniega, aunque sufre por la abrupta transición entre diferentes tonos.
Puzle cronológico y geográfico, siempre al borde del exceso argumental, funciona mejor cuando su director maneja lo minúsculo con un detallismo optimista marca de la casa.
Cine adrenalítico sin complejos y con generosas dosis de distracción. El actor y cineasta filma con solvencia este modesto pero más que efectivo entretenimiento de aroma noventero.
Una mirada amablemente tragicómica hacia las excentricidades. Una pulcra miniatura de digerible emotividad que, por fortuna, reserva también un pequeño espacio ahí dentro para la reflexión verdadera.
El talento de Proyas brilla al crear imágenes memorables, recordándonos que el género fantástico debe liberarse de la cursilería y enfocarse en el asombro y la profundidad.