Reconociendo la afirmación de la película sobre la naturaleza trinitaria de Dios, es meritorio destacar que su planteamiento tiene coherencia, su evolución evita caer en moralismos exagerados y presenta elementos de locura fascinantes.
Exhibe una pulcritud de formas y una inteligencia distante. Se asemeja más a una parábola de resonancia universal que a un cuento moral predecible, abordando temas sobre la explotación laboral y las trampas del mercado.
Escueta e inspiradora miniatura con trazas de retrato impresionista, recuerda en espíritu y ejecución a los concisos ejercicios de buen cine que el autor de 'Historias mínimas' nos acostumbró hace años.
Película entretenida y bien confeccionada. Se disfruta gracias a un excelente sentido estético, actuaciones destacadas y un tono general bienintencionado que, afortunadamente, solo en ocasiones tiende a ser un poco excesivo.
Supervitaminada secuela. Un guirigay que, por difícil que parezca dado su precedente, logra ampliar con nuevas ocurrencias la jocosa mitología del primer film.
Un artilugio de misterio impactante y ocasionalmente cautivador, que se alinea con las tendencias actuales del consumo audiovisual y se mantiene fiel a la rica tradición del entretenimiento popular de Italia.
Portento animado que cautivaría a todo aquel con un mínimo aprecio por la estética visual. Cada plano es una maravilla dibujada que desearías tener en casa para adornar tus paredes.
Sambódromo de adrenalina y estereotipos, exitoso a varios niveles, desde el puramente técnico (tiene secciones en verdad apabullantes) hasta el argumental
La película está destinada a quienes disfrutan de enfoques variados. Destaca su deseo de ir más allá de una simple oferta veraniega, aunque sufre por la abrupta transición entre diferentes tonos.
Hill nos ofrece un retorno al western clásico que celebra la estética minimalista de la Serie B, donde los elementos como la pistola, el sombrero y el caballo destacan de manera sorprendente en la actualidad.