Muy buena. La escasa entidad dramática, con la que se juega deliberadamente, de muchas de esas charlas de sobremesa supone la más refinada elaboración del elegante minimalismo que caracteriza la obra de ese genuino independiente que es Jarmusch.
Laica y ruidosa, no se asemeja a las obras de Tarkovski. Sin embargo, plantea la reflexión de que el cine podría estar evolucionando hacia un nuevo lenguaje simbiótico con otros formatos.
Calparsoro demuestra una vez más su habilidad para crear un cine físico y orquestar la acción. Sin embargo, cuando los motores resuenan más que los diálogos y los coches chocan en lugar de los personajes, me encuentro desconectado como espectador.
La cinta peca de ser excesivamente amable y las escenas carecen de expresividad dramática. Se vuelve más interesante ver cómo se prepara la comida y lo bien que resulta, en comparación con los diálogos.
La falta de definición y dirección de la película podría considerarse un mérito, pero termina siendo un lastre insalvable. La cada vez más frágil y etérea Huppert justifica, como siempre, su presencia.
Con esta película no hay forma de reírse, a menos que uno considere hilarante el humor básico de "caca pedo pis", que se anuncia, repite y agota cada gag hasta que resulta excesivo.
Consigue el milagro de caminar por la cuerda floja sin caerse. Se trata de combinar lo que inicialmente parece la monótona crónica de un perdedor que va tropiezo tras tropiezo por la vida, con una impactante historia de zombis.
Cualquier actor que tuviera la mitad de su caché exigiría una orden de alejamiento respecto a proyectos como este. Para hacer cine de serie B hay que saber hacer cine primero. Es un gran guiñol pero echando de menos un enfoque más sólido.
El resultado es más bien brillante; la película puede disfrutarse incluso si no se es fanático del subgénero zombi. Sin embargo, hacia el final, la historia pierde un poco su enfoque.
Una Charlize Theron estupenda es el principal ingrediente de esta película, que se siente como una variante pospunk, o al menos indie, de Mary Poppins.
De entre las numerosas historias sobre las secuelas del Holocausto que hemos conocido, hay una variación que esta película parece tentar por primera vez. No se hace largo.
Es alarmante el poco provecho que se obtiene en pantalla del intercambio entre Chiara Mastroiani y su madre. Esto refleja el bajo nivel de la función. Deneuve deja su huella en una película que no lo justifica.
Diálogos cortantes y brillantes que modulan la cascada de shocks. Contamos, sin duda, con el permiso de Potter para reírnos en varias ocasiones de tanta desdicha. Lo más destacable son los invitados.
Jasmine Trinca se muestra eficaz en un rol muy satisfactorio. El mérito de Castellito radica en su habilidad para tomarse el tiempo necesario en las escenas cotidianas del entorno familiar.
Desplechin se descontrola ligeramente en este triángulo amoroso. Podría surgir una buena película si no se narrara de manera tan apresurada y desorganizada, repleta de altibajos, gritos y momentos fuera de lugar.
Carnevale propone una apuesta arriesgada con un selecto elenco de actores argentinos que aporta profundidad y autenticidad a la trama. La actuación de cada uno de los miembros destaca y enriquece la experiencia del espectador.
Agradable película francesa que resulta entretenida al no recurrir a trampas narrativas, reflejando auténticamente los altibajos de la vida y las debilidades y virtudes de las personas.