Ha habido meses de remontaje y ajuste, pero parece que lo hicieron con apio, ya que la función se vuelve más inerte mientras intentan transformarla en una versión de 'Piratas del Caribe' o una atracción similar.
No llega a ser un thriller ni tampoco se queda en lo bucólico; simplemente lleva al extremo una cierta lógica de la supervivencia sin que llegue a parecerme nunca demasiado interesante. O será que uno es muy urbano.
Una película necesaria que se gana nuestra simpatía sin esfuerzo. Sin embargo, lo menos acertado de este espectacular documental, cortesía de las orcas, es su tendencia a manipular nuestros sentimientos.
Spielberg exhibe su ya demostrada maestría para el género bélico ofreciendo al espectador una experiencia razonablemente épica que confirma, una vez más, que el sentimentalismo es tanto su mejor virtud como su más discutible marca de la casa.
Lo de Sommers dio para varias secuelas cada vez de menor cuantía, suscitando esta pregunta para la nueva momia Universal: debemos esperarla como un placer culpable o como una nueva plaga de Egipto…
Aburrida superproducción noruega, donde todo se siente apagado e inerte. La película no logra funcionar como ficción y tampoco se entrega por completo como documental.
Un biopic muy esforzado que se centra más en el trabajo del artista que en su vida personal y relaciones. Esto le da una perspectiva interesante y diferente al retrato del susodicho.
Un montaje histérico, no histórico como sería lógico, que intenta dinamizar una apagada lámina de vidas ejemplares: otro desencuentro entre el cine y la ciencia.
George desea crear una película trágica en el ámbito histórico, lo cual le genera una serie de problemas. Es positivo que desafíe la ley del silencio, pero se podría haber expresado de manera más elocuente.
Habría que ser el David Lean de «Dr. Zhivago» (un modelo obvio) para llevar esto a buen puerto y Kapadia desde luego juega en otra liga. La película no insufla sustancia a su trasfondo épico.
Una pasión descafeinada. Ni siquiera el gran trabajo de Alan Rickman logra salvarla; además, la pareja joven nunca parece generar química, especialmente el insípido Madden.
La fotografía es impresionante y el ritmo, aunque puede parecer solemne, se torna ominoso. Haneke continúa con su pulso clínico, narrando con precisión y sutileza historias sobre la violencia contemporánea.
Empieza bien, pero la película se desmorona en su último tercio. A medida que los eventos se aceleran, se pierde la individualidad de los personajes, que se transforman en meros emblemas.
Magnífico wéstern austral. La evidente voluntad de composición monumental, el laconismo de haiku y el tempo deliberado remiten al antaño innombrable y hoy icónico post-wéstern de Sergio Leone.
Nada que objetar a este ejercicio de memoria histórica. Lo más interesante de «Josep», desde la perspectiva de un escéptico del cine animado, es precisamente lo que lo distingue del documentalismo.
No es de los peores dentro de este subgénero del «Kinder trauma». En parte porque evita escapes de la realidad y se centra de manera bastante concreta en los detalles cotidianos de una vida en el exilio.