Una narración minimalista, 'vaciada' de los rasgos externos de la ficción tradicional. Es posiblemente la mejor, o incluso la única, adaptación cinematográfica del universo de García Márquez, sin basarse en un texto suyo.
Embrujito de Shangai presenta una trama novelesca y compleja. Sin embargo, el fresco histórico resulta demasiado ambicioso para el miniaturista que es Ivory.
Los hitos históricos que pretende revivir no pasan de estampitas ilustradas. Charlize Theron interpreta con maestría el único personaje destacado de la función.
No teman, que esta película no se mete en muchos berenjenales. Su mérito reside en ilustrar un episodio de la vida del mimo Marcel Marceau que muchos desconocíamos y su defecto, darle el papel a Jesse Eisenberg.
Curiosamente, la premisa de la película se desarrolla de manera más efectiva en su primera parte. La irrupción de la realidad, en su sentido más crudo y siniestro, limita los excesos visuales.
Lo que salva a esta Marguerite es el recurso a la voz en off, que permite que la tensión entre palabra e imagen se manifieste de manera efectiva. En ese momento, la película cobra vida, dejando atrás la mera narración para convertirse en un verdadero ensayo.
El enfoque femenino permea toda la producción, donde numerosos roles creativos y técnicos son ocupados por mujeres, incluso en la estructura del guión. El destacado desempeño de Bill Nighy resalta como un gran triunfo.
Todo listo para que Tim sintonice la FM en "Fantástico Maravilloso". Sin embargo, hay algo que no termina de funcionar. No tuvimos la oportunidad de descubrirlo entre el estruendo de tantos efectos digitales.
No es solo un documental; aunque utiliza de manera excepcional material de archivo, sus reflexiones trascienden lo meramente factual, lo que convierte esta singular propuesta en una obra realmente fascinante.
El principal problema radica en su historia, que resulta ser demasiado extensa. Sin embargo, se destaca un esplendoroso segmento central. También se debe hacer una mención extraordinaria al trabajo de Cumberbatch.
La literalidad de la imagen cinematográfica suele obstaculizar su capacidad de funcionar como una imagen metafórica. Si me preguntan si deben verla, les diré: ¿quién dijo miedo? O, más bien, pánico.
Rodada de forma impecable. Lo que le falta es la elocuencia que surge del talento de un cineasta de fuste. El paso del tiempo, el «tempo» de la epopeya, es lo que no se consigue evocar en las dos horas de metraje.
Magnífica evocación del hundimiento del tercer Reich, al dejar en el fondo un contexto histórico ampliamente conocido, para explorar un modelo casi abstracto, fantasmal y alucinado.