La literalidad de la imagen cinematográfica suele obstaculizar su capacidad de funcionar como una imagen metafórica. Si me preguntan si deben verla, les diré: ¿quién dijo miedo? O, más bien, pánico.
Rodada de forma impecable. Lo que le falta es la elocuencia que surge del talento de un cineasta de fuste. El paso del tiempo, el «tempo» de la epopeya, es lo que no se consigue evocar en las dos horas de metraje.
Magnífica evocación del hundimiento del tercer Reich, al dejar en el fondo un contexto histórico ampliamente conocido, para explorar un modelo casi abstracto, fantasmal y alucinado.
La película se vuelve un tanto extensa, pero no por ello deja de ser interesante. La constante voz en off encuentra su justificación en el origen literario de la historia, evitando que sea excesiva. Esta elección sugiere una interpretación más enfocada en lo clasista que en lo feminista.
Podemos dejar apuntado lo placentero del camino hasta arribar a ese final, que se asemeja a una versión realista de clásicos del cine colonial como «Pépé le Moko».
Su pesquisa es una trama interesante de espías que se desarrolla de manera realista, sin las dosis exageradas de venganza que a menudo se esperan en el cine americano.
Es la mejor película del amigo Tim en un tiempo. Sin embargo, resulta curioso lo poco que refleja el estilo burtoniano. Además, hay un gran error de casting al elegir a Waltz para interpretar a un marido que se percibe únicamente como un psicópata.
El universo creado por Miyazaki es idealizado y benigno. No deben perderse a Totoro ni al gato autobús, personajes que muestran la maestría del director.
Sobre gustos no hay colores, pero el inconveniente de esta película, que presenta un frenético montaje de testimonios e imágenes del plan B del cine, es que no queda claro lo que realmente pretende transmitir.
El problema de esta generalmente apreciable película es que opera con un fuera de campo tan amplio que el espectador difícilmente podrá comprender y. por lo tanto, traducir en algo significativo.
El director ha interiorizado las enseñanzas del maestro Hitchcock. Además, el desempeño de un par de actrices poco conocidas pero sobresalientes ayuda a mitigar una cierta lentitud general de la película.
Hay una discusión sobre los artífices del montaje y quienes brindan una lección magistral en el análisis formal. Todo esto se desarrolla sin perder un sentimiento general de asombro y maravilla ante la escena.
Quizá es demasiado respetuosa con su protagonista. Ese veredicto histórico no justifica completamente la relativa ausencia de emoción en la película. Entre sus mayores logros se destacan sus observaciones críticas.
No es este un «biopic» de artista famoso sino algo que puede resultar más interesante. A riesgo de provocarnos empacho por puro exceso, consigue transmitirnos algo de la gloria y el tormento de la creación artística.