Quizá es demasiado respetuosa con su protagonista. Ese veredicto histórico no justifica completamente la relativa ausencia de emoción en la película. Entre sus mayores logros se destacan sus observaciones críticas.
No es este un «biopic» de artista famoso sino algo que puede resultar más interesante. A riesgo de provocarnos empacho por puro exceso, consigue transmitirnos algo de la gloria y el tormento de la creación artística.
Lo bueno de esta historia es que va pasando por todas esas etapas, introduciendo un tono de disonancia respecto a la norma. Esto se traduce en un efecto más novedoso y desafiante.
Inquietante película donde la tensión se incrementa gradualmente, recordándonos la sensación de observar a un asesino en serie en tiempo real. Este éxito se debe no solo al talento de la directora para estructurar la narrativa, sino también a la química palpable entre Alex Brendemühl y la joven Florencia Bado.
Los Coen han creado su film más peculiar, lo cual ya es decir bastante. Es una obra que admiro desde su introducción cultural hasta su final enigmático.
Jenkins vuelve a demostrar su amplio talento. La belleza de la película se sostiene en la cinematografía de James Laxton, la exquisita partitura de Nicholas Brittell y un concepto narrativo que es un logro del guión y la dirección.
Lo primero que se me viene a la mente al ver esta película es: ¿Dónde ha estado Annette Bening? No se aborda su vida turbulenta anterior, lo que disminuye tanto el morbo como el interés dramático de la historia de amor.
Apabullante. Si la película deja sin aliento, no es por el esfuerzo físico de soportar una caza al hombre sin tregua, sino por el contexto humano que vamos descubriendo.
La película revela numerosas contradicciones internas, pero se presenta sin disquisiciones ni explicaciones retrospectivas. Lo interesante es que logra lo que otros intentos similares no consiguen: convertirse en una crónica histórica.
Pahn cumple con una de las funciones más importantes del documental: documentar episodios históricos que trascienden la fría objetividad de los telediarios.