'El patrón' no pretende ir más allá de eso: es un relato que busca más la eficiencia que la expresión, sin ningún ánimo innovador, ordenado y pulcro, concentrado en demostrar la premisa que lo moviliza.
Alejandro Fernández Almendras dirige este drama con una leal adherencia a su distintivo estilo minimalista e introspectivo. Aquí, la psicología se ve reemplazada por la extensión de las escenas y la densidad de los objetos, los elementos y los cuerpos.
Las películas -y las obras de arte en general- no tienen la obligación de agotar las dimensiones históricas de sus temas. Pero no es lícito que, por el contrario, las desprovean de sus alcances más complejos.
El cineasta Jonathan Teplitzky logra capturar imágenes impactantes de un paisaje escalofriante, esenciales para adentrarse en el drama central de los derechos humanos en el siglo XX. Esta película se presenta como una obra valiente y memorable.
Ross prefiere adoptar la figura de un santón sin matices, protestante y republicano, obsesionado con su proyecto nacional, lo que le permite a Matthew McConaughey ofrecer una de las sobreactuaciones más notorias de los últimos tiempos.
Algún grado de academicismo parece inevitable, lo cual es un costo que se asume al revisar la literatura a través del cine. Sin embargo, esto contrasta con la aproximación ilustrada y respetuosa hacia una poetisa cuya angustia llega a los más profundos rincones del ser humano.
Acumulando incidentes, personajes y giros, Russell convierte la pequeña historia de la Cenicienta empresarial en una investigación barroca e irónica sobre la cultura estadounidense. Sin embargo, esto no es más que un envoltorio ostentoso para una narrativa bastante limitada.
El eje del relato es la confrontación del músico consigo mismo, entre el hombre que quiere ser común y el genio que lo desborda una y otra vez. Es una idea sencilla, lo que no impide que la película trate de ser ambiciosa, como corresponde a una rareza.
Larraín dirige con gran maestría. Sus películas son capaces de transmitir una mezcla de sentimientos que van desde lo épico hasta lo melodramático, destacándose como uno de los pocos que logra capturar la esencia del paisaje chileno de manera poderosa. Además, su comprensión de cómo la metáfora visual puede profundizar los significados es notable.
Weide recoge, correctamente, la relación de Allen con las mujeres, que está en el centro de algunos de los momentos memorables de su cine. Registra de una manera aguda sus singulares métodos de trabajo.
El mecanismo de 'Dios mío, ¿qué hemos hecho?' se basa en la acumulación de lugares comunes y estereotipos étnicos, equilibrándolos con otros similares en un enfoque amable, que evita la culpa y la profundidad. Esta estrategia sirve para disimular su moral subyacente.
Cuando un desenlace resulta tan confuso como el de esta película, es señal de que alguien ha fallado en su labor: puede ser los guionistas, los productores, el director o el diseñador de producción; uno o más de ellos.
La elegancia y la seguridad con que filma Mackenzie permiten que la tristeza presente en la historia se refleje con una ternura otoñal, melancólica y fatalista. Este tipo de paradojas son la esencia de las grandes películas.
Kormákur comenzó su carrera dirigiendo algunas de las películas más intrigantes de Islandia y, posteriormente, sucumbió al anhelo de muchos cineastas europeos: intentar conquistar Hollywood. Así es como llega '2 Guns'.
Es una película compleja que puede parecer menos de lo que realmente es. Es posible que necesite ser vista más de una vez para poder valorar su verdadero impacto.