No hay corrosión ni vitriolo en este biopic descafeinado, que a veces se siente incluso ñoño. [Stone] no logra imprimir ritmo a una narración que se queda atrapada en sí misma, sin destellos de iluminación ni provocación.
Lo más interesante es la perspectiva hiperrealista que nos sumerge en las entrañas de la plataforma, junto con la tensión que el director logra generar en momentos clave.
Las imágenes se quedan grabadas en la mente, ya sea para bien o para mal. Uno lucha contra ellas, las odia y las maldice, pero persisten como un recordatorio de que el mal forma parte de nuestra sociedad.
Un 'biopic' que tiene mejores intenciones que resultados. Carece de personalidad y energía, y opta por recorrer caminos demasiado seguros, lo que la hace parecer un telefilme.
El director emplea los elementos narrativos con precisión, logrando un buen sentido del ritmo y controlando hábilmente la intriga. Sin embargo, los aciertos empiezan a desvanecerse ante un segundo acto que resulta algo excesivo.
El director dota de complejidad dramática a sus personajes y los hace cercanos y creíbles, pero su factura demasiado plana la condena a terminar convirtiéndose en un filme de sobremesa, aunque se sitúa por encima de la media.
Un relato sobre la pérdida de la inocencia y la manipulación religiosa, con gran fuerza poética y simbólica. Funciona mejor a un nivel íntimo que como metáfora social con un mensaje aleccionador.
Un 'biopic' respetuoso y reivindicativo, aunque algo aburrido. Dahan se inclina por un enfoque académico que limita la propuesta, la cual se siente más informativa y educativa que cinematográfica.
Juega a la irreverencia pero que, en realidad, contiene una gran carga reflexiva en torno a los corsés, a las limitaciones a las que han estado sometidas las mujeres a lo largo del tiempo.
Debería tener reservado un panteón de honor dentro de la ficción televisiva de nuestro país por su forma de visibilizar y legitimar a un colectivo históricamente maltratado a través de un respeto y una sensibilidad inauditas.
Asistimos a la forja de un ícono feminista, lo presenta Fischer Christensen de manera delicada y elegante, evitando exhibicionismos melodramáticos. Alba August es un auténtico descubrimiento.
No se encarga de juzgar la figura de P.T. Barnum, sino que se limita a convertirlo en un personaje casi disneyano, pícaro y buscavidas que termina simbolizando lo que significa luchar por los sueños.
Frears presenta la figura de Armstrong desde una perspectiva distante, ofreciendo una narrativa de ascenso y caída que resulta tan deshumanizada como el propio retrato del personaje.
Con tanta floritura, el director pierde la oportunidad de ofrecer una verdadera profundidad a esa heroína doméstica que interpreta una brillante y carismática Jennifer Lawrence.
Violeta Sálama demuestra una sensibilidad única al abordar este microcosmos. Su mensaje es tan hermoso como las historias que relata. A menudo, la virtud reside en la sencillez y en el toque sutil.
Película aceptable, aunque la historia es repetitiva. Cumple su función, pero carece de profundidad. Se ajusta a un modelo clásico de 'rom-com' y los actores, especialmente Belén Cuesta, aportan desparpajo y un encanto auténtico.