Canet destaca en el retrato de grupos, logrando que cada personaje tenga su propio espacio. El elenco brinda una muestra de generosidad y libertad creativa.
A Dani de la Orden le falta pulir su tendencia al subrayado y modular la intensidad impostada. Sin embargo, en Litus logra acercarse más a la historia que quiere contar, y eso se refleja claramente en el resultado.
Una película clásica, bien narrada, pero demasiado convencional a la hora de contar la historia del personaje a través de una explicativa voz 'en off'.
Un acertado retrato íntimo sobre la necesidad de tomar decisiones. Lástima que varios diálogos resulten artificiales y repetitivos, aunque los actores logran sortear este obstáculo.
Deliciosa fábula. El director alcanza con esta nueva obra su maestría; su cine es cada vez más complejo y sus imágenes desprenden mayores niveles de emoción, poesía y sentido de la aventura.
Es una película que llora por dentro, pero reconcilia por fuera. Dos actores en estado de gracia. Estamos quizás ante la película española del año, de esas que perduran.
Una colorimetría arrolladora late la iconoclastia, el riesgo, la inventiva y se convierte en un festival de hallazgos en el que la capacidad evocadora se da la mano con la incomodidad expresiva.
Un estimulante cóctel de emociones. Ofrece una trama refinada de atracos junto a personajes creativos. Se mezcla el humor con una acción incesante, añadiendo un matiz atrevido y un enfoque despreocupado hacia la moralidad.
Se respira el espíritu de la viñeta francobelga, el gag inteligente made in Tati y la mirada cálida, tierna y humanista de sus creadores. Un delicioso y refinado caramelo para niños y mayores, vitalista y lleno de ilusión.
Una de esas películas tan transparentes y puras como los cielos azules que retrata, es una estupenda película de aventuras infantiles, una 'road movie' inspiradora que se sitúa a medio camino entre el cine de Disney y el de Abbas Kiarostami.
Una película anodina, incluso antipática, en la que todas las decisiones parecen equivocadas y arbitrarias: no hay ritmo, ni sentido de la maravilla o del espectáculo. Aquí solo hay pereza.
Es reposada. El director disfruta componiendo una película contemplativa. Se aprecia su sensibilidad al mostrar el entorno, así como su sencillez y delicadeza.
Polanski regresa al cine de época de manera impactante, reafirmando su estatus como uno de los más grandes maestros del cine contemporáneo. Es una obra que está destinada a perdurar en el tiempo, independientemente de las polémicas que la rodeen.
Nadie podía contar mejor esta historia que Isabel Coixet. Las emociones son palpables y se sienten a flor de piel. Es una película tan humilde como sus personajes.