Hay una intención de desmarcarse de los códigos establecidos. Una ficción oscura y turbia que utiliza imágenes documentales para establecer un diálogo con la historia del país a través de la figura icónica de Evita.
Lo que desarma por completo es su capacidad para sentir y experimentar un nudo en las entrañas que desgarra, agita y remueve, así como su maestría y rigor a la hora de conjugar forma y fondo.
Para los aficionados de la serie B española, el documental será un impulso de nostalgia, mientras que para los neófitos representa la oportunidad de explorar un submundo fascinante y políticamente incorrecto.
Es mucho más que un biopic. Se trata de una incisiva y crítica exploración de la clase política, desentrañando la trastienda del poder y revelando su hipocresía, frivolidad e interés personal. Esta película se convierte en una auténtica herramienta de denuncia.
Del Toro vuelve a evidenciar que es un portentoso creador de imágenes. Su imaginería resulta desbordante, y su virtuosismo formal sirve para envolver al espectador en una espiral de sensualidad.
Melfi adopta un tono un tanto simplista. La historia merecía distanciarse de las convenciones de los biopics más convencionales y atreverse a romper con esas normas.
Película casi artesanal que sabe cómo sacar provecho a los mínimos recursos con los que cuenta para crear una atmósfera especial. Es una obra cinematográfica muy cinéfila y nostálgica. Aunque es pequeña, resulta entrañable.
Una suntuosa y barroca película con espíritu gamberro en la que cada secuencia se coreografía alrededor de una espiral de exceso en la que suena una mixtape arrolladora.
Una reconstrucción histórica un tanto acartonada, lastrada por la afectación, por un academicismo relamido y un humanismo trasnochado repleto de buenas intenciones y equivocadas decisiones.
Puede que no sea una propuesta especialmente original, pero consigue ser efectiva gracias a la habilidad con que el director Albert Pintó utiliza las herramientas del subgénero de las casas malditas.
Una sucesión de Grandes Éxitos empaquetados para que sigan creciendo en el imaginario colectivo sin otra reflexión detrás más allá de que el show debe continuar.
Es un ejemplo de cine político sólido e íntegro, que se mantiene alejado de tentaciones exageradas. Sin embargo, se pueden señalar algunas fallas en el mecanismo narrativo utilizado para sustentar la trama.
Una crónica sobre el miedo filmada a través del realismo más descarnado. El problema es que su mirada llega a ser excesiva y repetitiva en la mostración subrayada de la violencia. Su falta de sutileza la convierte en una exhibición impúdica y manipuladora.
Un magnífico western con resonancias noir, tenso, trágico y solemne, de una contenida crudeza emocional y una perturbadora ambigüedad moral. Una estupenda película.
Hay pocos sustos y menos efectismo; la película se resiente por su falta de elegancia formal y por la mezcla caótica de elementos, ofreciendo un relato que no siempre está bien narrado. ¿Qué nos queda entonces? Los Warren.