Del Toro vuelve a evidenciar que es un portentoso creador de imágenes. Su imaginería resulta desbordante, y su virtuosismo formal sirve para envolver al espectador en una espiral de sensualidad.
Melfi adopta un tono un tanto simplista. La historia merecía distanciarse de las convenciones de los biopics más convencionales y atreverse a romper con esas normas.
Película casi artesanal que sabe cómo sacar provecho a los mínimos recursos con los que cuenta para crear una atmósfera especial. Es una obra cinematográfica muy cinéfila y nostálgica. Aunque es pequeña, resulta entrañable.
Una suntuosa y barroca película con espíritu gamberro en la que cada secuencia se coreografía alrededor de una espiral de exceso en la que suena una mixtape arrolladora.
Una reconstrucción histórica un tanto acartonada, lastrada por la afectación, por un academicismo relamido y un humanismo trasnochado repleto de buenas intenciones y equivocadas decisiones.
Puede que no sea una propuesta especialmente original, pero consigue ser efectiva gracias a la habilidad con que el director Albert Pintó utiliza las herramientas del subgénero de las casas malditas.
Una sucesión de Grandes Éxitos empaquetados para que sigan creciendo en el imaginario colectivo sin otra reflexión detrás más allá de que el show debe continuar.
Para enamorados del cine exquisito, sensorial e intimista. Jenkins convierte en lirismo una simple mirada, un gesto bajo la lluvia. Es un director superdotado a la hora de crear atmósferas íntimas.
Es un ejemplo de cine político sólido e íntegro, que se mantiene alejado de tentaciones exageradas. Sin embargo, se pueden señalar algunas fallas en el mecanismo narrativo utilizado para sustentar la trama.
Una crónica sobre el miedo filmada a través del realismo más descarnado. El problema es que su mirada llega a ser excesiva y repetitiva en la mostración subrayada de la violencia. Su falta de sutileza la convierte en una exhibición impúdica y manipuladora.
Un magnífico western con resonancias noir, tenso, trágico y solemne, de una contenida crudeza emocional y una perturbadora ambigüedad moral. Una estupenda película.
Hay pocos sustos y menos efectismo; la película se resiente por su falta de elegancia formal y por la mezcla caótica de elementos, ofreciendo un relato que no siempre está bien narrado. ¿Qué nos queda entonces? Los Warren.
Chung utiliza un enfoque sereno y apacible. A veces, parece caer en ciertos clichés del cine indie, pero rápidamente dirige su atención hacia la representación de los escenarios y personajes de una forma hermosa y sutil.
En esta ocasión, la película mejora en varios aspectos. Adquiere una notable consistencia al presentar una aventura que combina la épica heroica con un entretenimiento inteligente.
Las imágenes que compone Toa Fraser, aunque eficaces, resultan un tanto anodinas, lastradas por la pereza y la escasa capacidad para crear verdadera tensión.