'Eco de la montaña' es una cinta muy lograda, necesaria y pertinente, que contribuye a reparar la injusticia a un artista indígena por un desdén oficial todavía persistente.
El director iraní ha elegido contar con actores de renombre de Hollywood. Sin embargo, este enfoque, en lugar de beneficiar a la película, resalta aún más el estilo clásico de Farhadi para narrar historias íntimas y profundamente intensas, utilizando recursos más sutiles y efectivamente dramáticos.
A pesar de los matices melodramáticos que la directora impone a esta historia, logra evitar el maniqueísmo al retratar el tribunal del divorcio como un espacio que no se reduce a la simple confrontación entre víctimas y villanos.
No es la película de horror que sugiere la publicidad o los rumores mediáticos. Su director y guionista se alejan cuidadosamente de las tentaciones propias del género, especialmente del uso excesivo de gore.
Con una destreza inusual en el cine mexicano, Amat Escalante sabe cambiar de registros narrativos sin desmentir un instante la coherencia del conjunto de su obra.
Lo notable aquí es el modo en que el cineasta crea sus atmósferas inquietantes de encierro, convirtiendo la recreación histórica en un relato de horror muy contemporáneo.
Esta obra, aunque desigual, destaca por su originalidad y muestran las primeras obsesiones temáticas del cineasta Isaac Ezban. Se presenta de una forma desordenada y entusiasta, pero resulta ser una experiencia digna de atención.
Es un thriller metafísico que sugiere un encuentro inesperado entre la perturbadora serie Black Mirror y una enigmática ficción de Jorge Luis Borges. El resultado es notable. Por su originalidad y audacia narrativa.
Una narración irregular y excesiva. A pesar de no tener rival a la vista, cuenta con momentos de brillantez visual que, afortunadamente, son bastante numerosos.
Es una adaptación brillante del original literario y saca el mayor provecho de sus limitaciones presupuestarias remplazando la animación 3D (tipo Pixar o Disney) por otra, más modesta, que obliga a un gran despliegue de opciones estéticas.
Esta comedia negra explora las vicisitudes, tropiezos y desgracias de un fetiche sexual que se encuentra casi agotado. Es otro de los análisis agudos y desilusionados que ofrece Sean Baker en sus obras, las cuales transitan por la delgada línea entre la ficción y el documental.
Riz Ahmed es todo un acierto. La expresividad de su rostro, sus gestos de desesperación contenida y su mirada son los mejores elementos al alcance del director para transmitir una intensidad dramática.
Cuenta con un guión formidable y actuaciones que le hacen enteramente justicia. Tiene toda la apariencia de un filme independiente. Es una cinta divertida y profundamente melancólica, con tintes también de tragedia griega.
Mills logra fusionar de manera efectiva los elementos cómicos de una salida del clóset tardía, donde el orgullo gay se entrelaza con el de una vejez plena, con el drama que conlleva la pérdida de seres queridos.