Ninguna fuerza actoral, ni siquiera la de una Rampling aquí desaprovechada, compensa por el itinerario efectista y burdo al que nos invita el director (...) en su nuevo parque temático de profanaciones sexuales, esta vez en modo renacentista.
Todo un elogio al arte en movimiento y a la creación participativa. Varda fue una figura de excepción en el paisaje fílmico francés. Ese afán prometeico femenino, 'Varda por Agnès' lo recupera y sintetiza admirablemente.
De modo muy franco y con una complicidad evidente, la directora germana ha incorporado la figura compleja de Ingmar Bergman a su galería de personajes históricos carismáticos y atormentados.
La manera en que el cineasta decide mostrar los desvaríos y la sensibilidad del artista resulta arriesgada. No todo funciona adecuadamente, y a veces esas decisiones estilísticas parecen innecesarias. Sin embargo, se comprende la intención y se valora el audaz enfoque.
La destreza artística con la que, durante siete años, los dibujantes y pintores, cómplices de los cineastas, trabajan miles de imágenes para evocar el flujo de la vida del holandés a través del conjunto de su obra, es impresionante. La pista sonora añade a su vez un encanto peculiar.
El trabajo de disección al que se libran los realizadores puede tener, en el terreno ético, aspectos cuestionables; lo que retiene el espectador, sin embargo, es la incursión minuciosa en una mente criminal.
Gary Ross no logra profundizar en su dramatización histórica ni en el desarrollo de los personajes secundarios. Sin embargo, se destaca la recreación del exuberante paisaje, la fotografía de Benoît Delhomme y la actuación de McConaughey como los puntos más fuertes de la obra.
El documental de Hendel y Lorenz evoca esa trayectoria artística de un modo inevitablemente rápido e incompleto, sin sentimentalismos y sin el estorbo de un juicio moral.
'Eco de la montaña' es una cinta muy lograda, necesaria y pertinente, que contribuye a reparar la injusticia a un artista indígena por un desdén oficial todavía persistente.
A pesar de los matices melodramáticos que la directora impone a esta historia, logra evitar el maniqueísmo al retratar el tribunal del divorcio como un espacio que no se reduce a la simple confrontación entre víctimas y villanos.
No es la película de horror que sugiere la publicidad o los rumores mediáticos. Su director y guionista se alejan cuidadosamente de las tentaciones propias del género, especialmente del uso excesivo de gore.
Con una destreza inusual en el cine mexicano, Amat Escalante sabe cambiar de registros narrativos sin desmentir un instante la coherencia del conjunto de su obra.