Una decisión acertada del guion ha sido evitar la tentación de ampliar el abanico biográfico de la cantante y concentrar la acción en un sólo año con el fin de recrear mejor el ambiente opresivo de un macartismo todavía muy vivo.
No es un azar que, en este tratamiento esquemático y maniqueo de la realidad, los austriacos se comuniquen entre ellos en inglés, mientras los malvados invasores se expresan en alemán, lo que resulta un sinsentido que le resta credibilidad.
Lo que pudo ser una sugerente aproximación al gran drama, se vuelve un insípido melodrama que prolonga, escena tras escena, el mismo tono quejumbroso y amargo de un ser atrapado en el pasado, proclive al sentimentalismo.
A pesar de que 'Poesía sin fin' utiliza múltiples elementos de corte surrealista y recurre a clichés de lo grotesco, lo que realmente destaca es la sinceridad y el entusiasmo con los que el autor evoca sus años de juventud en Chile.
Más allá de sus convenciones dramáticas y su uso de personajes estereotipados, así como un desenlace predecible, la película logra consolidar una idea interesante. El excelente ritmo de la cinta, en ciertos momentos, alcanza la intensidad de un thriller.
Propuesta novedosa es 'Francofonía'. El documental se transforma en una original alegoría sobre el poder y sus excesos, así como en la compleja relación entre la renuncia a la soberanía nacional y los impulsos libertarios que siempre la defienden con fervor.
Desde un inicio la cinta anuncia estar basada en hechos reales, pero su interpretación de los mismos es caprichosa y atenta a un imperativo de entretenimiento.
Hermanus no llega al lirismo ni a la carga emocional del clásico japonés. Sin embargo, es importante resaltar la destacada actuación de Bill Nighy, quien, con su característico talante flemático, logra transmitir momentos de emoción auténtica.
La película destaca por su impresionante fotografía en blanco y negro y una magnífica banda sonora de Marcin Masecki. Además, las actuaciones de los protagonistas son excepcionales. Sin duda, se trata de un verdadero triunfo artístico.
Tal vez 'La rueda de la maravilla' no sea la mejor de las películas de Woody Allen, pero en su trabajo reciente es, al lado de 'Jazmín azul', uno de los manejos más inteligentes de un patético melodrama intimista y de sus posibles repercusiones sociales.
George Clooney se queda a medio camino en la representación de esa farsa amarga que se vive en la pesadilla con aire acondicionado de los años cincuenta, pero es, sin duda, una estupenda opción de entretenimiento.
'Jersey boys' es, ni duda cabe, un melodrama con fuertes cargas de testosterona, ágil en su fascinante crescendo musical, pero con baches narrativos y personajes secundarios apenas esbozados o abandonados a medio camino.
Al convencionalismo de esta trama, plantada sin rodeos en las rutinas y clichés del género de aventuras, la matiza por fortuna el ocurrente recurso a una parodia abierta.
La cinta de Tarantino refleja un desencanto crepuscular generalizado, utilizando un enfoque que simula un documento sobre un suceso impactante. Al mismo tiempo, evoca de manera brillante y juguetona una época singularmente nostálgica.
El cineasta presenta una obra que destaca por su madurez artística y al mismo tiempo comparte una reflexión personal, marcada por una notable honestidad moral.
Al apostar por concentrarse en el propósito melodramático de la obra teatral y sólo capturar el drama crepuscular de la estrella, el realizador desperdicia la oportunidad de ampliar el panorama del registro biográfico.
Tiene el efecto colateral de disolver convenientemente cualquier conflicto racial capaz de enturbiar el gusto predominante de Hollywood por la corrección política.
Un drama de ambiciones desmedidas y escrúpulos silenciados que pudiendo acceder a una noble inspiración shakesperiana ha preferido la mercadotecnia eficaz de una indignación mediática.