Es fácil imaginar la brillante madurez teatral que la película insinúa. Si se cumple la opinión de que la infancia determina el destino, pocos comienzos en una carrera artística han sido tan satisfactorios y a la vez instructivos.
Ewan McGregor, fascinado y apabullado tal vez por un material tan perturbador, lo transforma en un melodrama social ciertamente interesante, pero de intensidad muy baja y con derivaciones harto convencionales.
Ariel Rotter es un cronista particularmente sensible de ese largo desasosiego femenino. 'La luz incidente' es una de sus realizaciones más redondas y maduras.
El director evita caer, en su totalidad, en las tentaciones del sensacionalismo y la conmiseración. La película refleja dignidad y presenta dosis de humor muy bien logradas. Las intenciones son loables y las actuaciones son aún más destacables.
A manera de vasos comunicantes, la reintegración de un orden familiar roto remite, inevitablemente, al anhelo utópico o a la necesidad realista de cerrar un capítulo doloroso. Xiaoshuai acomete, con inteligencia, la faena artística de dar un mayor sentido a ese imperativo social.
No es esa visión de conjunto lo que mejor funciona en una cinta cuyas tramas secundarias la vuelven a ratos confusa y caótica. Lo que sí es un acierto irrebatible es el fascinante retrato, en clave de humor negro, que elabora el guion de su protagonista central.
Una épica de la vida cotidiana, 'Roma' es, en términos artísticos, uno de los mayores logros del cine mexicano reciente. Combina de modo original lo político y lo privado.
Resulta ya innecesario insistir en la carga de compromiso político de este realizador. Lo que importa señalar es su capacidad de seguir seduciendo a públicos muy amplios con la misma coherencia moral que en otros casos suele condenar a una marginalidad absoluta.
Una trama más equilibrada se habría centrado completamente en el relato de horror artificial y paródico, que a la vez resulta entretenido, y que cualquier aficionado al cine de Dario Argento podría anticipar en esta nueva versión.
Yann Gonzalez expresa con entusiasmo su admiración por el cine de Jean Genet y una estética que busca romper abiertamente con el realismo que predomina en el cine francés contemporáneo.
Sin ser la mejor de sus realizaciones, su olfato y su visión para dar vida nueva a uno de los viejos escándalos que llevan lo estrictamente íntimo a la esfera del interés público, continúa siendo eficaz y, en ocasiones, fascinante.
Rithy Panh evoca sus recuerdos de adolescencia y recurre a un valioso material de archivo. Como una poderosa propuesta estética, utiliza figuras de barro para representar los episodios que narra. Este enfoque, lejos de ser un recurso superficial, resulta ser muy efectivo.