Yann Gonzalez expresa con entusiasmo su admiración por el cine de Jean Genet y una estética que busca romper abiertamente con el realismo que predomina en el cine francés contemporáneo.
Sin ser la mejor de sus realizaciones, su olfato y su visión para dar vida nueva a uno de los viejos escándalos que llevan lo estrictamente íntimo a la esfera del interés público, continúa siendo eficaz y, en ocasiones, fascinante.
Rithy Panh evoca sus recuerdos de adolescencia y recurre a un valioso material de archivo. Como una poderosa propuesta estética, utiliza figuras de barro para representar los episodios que narra. Este enfoque, lejos de ser un recurso superficial, resulta ser muy efectivo.
Esa apacible llanura rural, barrida ocasionalmente por los vientos, emblema bucólico de la abundancia, es capturada por la fotografía del australiano Lachlan Milne en lo que semeja un tributo discreto al cine de Terrence Malick.
Con toda la pulcritud de su realización técnica, la película habría ganado mucho con un ritmo narrativo más ágil y una edición que eliminara las extensiones innecesarias.
Lo que mejor explora Dresen, a través del estudio de su protagonista, es el complejo tejido de complicidades entre buena parte de la sociedad y las instancias del poder político.
Lo que sugieren el director checo y su guionista en esta cinta notable, es cómo el autoritarismo de ayer se reproduce hoy, con maquillaje apenas disimulado.
El Almodóvar camaleónico e imprevisible, con sus fuertes altibajos que desalientan o entusiasman a sus seguidores, consigue plasmar en 'Julieta' un resumen de sus mejores obsesiones artísticas.
Transforma, por fortuna, al rutinario drama carcelario en certero y oportuno señalamiento político de un clima de degradación social nada distante, todavía muy vivo.
La pareja protagonista brilla todo el tiempo. Óscar Isaac y Jessica Chastain. Estas dos presencias animan vigorosamente el tercer trabajo de un realizador vuelto ya referencia insoslayable en el cine estadunidense.
Este drama tiene las tonalidades de ironía oscura que caracterizan la obra de un director incisivo que ha sabido evocar, mejor que nadie en su país, las atmósferas de desasosiego y también las voces disidentes de una comunidad sumida en el temor y en el silencio.
En el conjunto actual de biopics rutinarias y de realismo convencional, cabe reconocer en el retrato psicológico de su polémica protagonista la impronta personal del audaz realizador chileno.
Lejos de traicionar el espíritu del libro, la cinta refuerza el lirismo de la novela. En ese ambiente de desolación y tristeza, un vuelo de golondrinas, símbolo del autoexilio liberador de las perseguidas, tiene en la animación, su expresión más afortunada.