Es una película elaborada por profesionales de gran talento, que logra un delicado equilibrio entre la comedia y el drama. Cada elemento ha sido cuidadosamente seleccionado, reflejando una calidad excepcional que se presenta de manera sobria y elegante, evitando cualquier tipo de exhibicionismo innecesario.
Un tema árido para una buena película. Posee un buen clima, personajes matizados y diálogos inteligentes. Su fuerza visual llega a deslumbrar en ciertos momentos, y los intérpretes logran hacer creíbles a sus personajes.
Le falta emoción. Lo que presenta el director James Hawes es muy trascendente, pero no logra transmitirme ningún sentimiento. Es complicado ignorar la presencia del ya anciano Anthony Hopkins.
Indy merecía una despedida mucho más digna. Las persecuciones y peleas son reiterativas, y el guion se siente rutinario y predecible. Aunque en la parte final mejora, en general no provoca una gran emoción.
Este insólito personaje y su demencial aventura están muy bien descritos. Hay una belleza visual notable. Sin embargo, la dirección de Arthur Harari enfrenta un inconveniente: la duración de la película de tres horas resulta excesiva.
Malick es fascinante pero excesivo. La película logra embrujarme durante un buen tiempo, aunque su metraje se extiende hasta las tres horas, lo que produce momentos de desfallecimiento. Un poco de aligeramiento le vendría muy bien.
No es una superproducción, sus medios son bastante limitados, pero eso no es obstáculo para lograr una crónica digna, algo de lo que no me desentiendo de principio a fin, me provoca cierto desasosiego y ternura en algún momento.
Scherfig narra con inteligencia, matices, sensibilidad y gracia el rodaje de una película. Es una compleja, pequeña, cálida, agridulce y bonita película, un pretexto razonable para volver a la sala oscura en época de sequía.
Su estilo evoca el cine clásico, pero en su versión menos efectiva. Visualmente, se siente bastante convencional. La actuación de Cotillard es lo más destacado, aunque no llega a salvar la película.
Genio, dignidad y resistencia. Bryan Cranston compone un personaje lleno de matices, creíble, extravagante, admirable. (...) un buen retrato de la barbarie que supuso el macartismo.
Tiene situaciones reiterativas y tiempos muertos a pesar de la pretendida intensidad emocional. Igualmente, momentos turbadores me parece una película digna.
Puede aburrir al espectador más comprensivo. No hay problema si te duermes un rato. Al despertar sentirás que no te has perdido nada trascendente, que todo sigue igual de monótono y plano.
El poderío visual y la expresividad de Villaronga hacen creíble, desgarrada y lírica esa brutalidad ambiental. Es una película dura y compleja, realista y perturbadora. Deja poso.
Se le pueden disculpar los baches, ya que te compensa con explosiones de gran cine, con una estética notable, con la enorme capacidad de su director para hacer emocionantes y creíbles los amores más tortuosos y torturados.
No me conmovió ni me aterrorizó; no me generó esas invaluables sensaciones que ofrece el gran cine. A pesar de su impecable producción y la destacada actuación de Nicole Kidman y Fionnula Flanagan, esta película carece de vida, de un auténtico aliento lírico, de fuego, de corazón.