La siempre magnética presencia de Binoche no es suficiente para evitar que me muera de aburrimiento con una boba y cansina historia de ciencia-ficción que firma la prestigiosa (y para mi gusto, insoportable) directora Claire Denis.
Más de lo mismo, qué matraca. El guion carece de coherencia y ha degenerado en un serial tan calculado y superficial que me resulta abrumadoramente aburrido, sin ninguna chispa ni profundidad.
La aventura está bien contada, no fatiga a pesar de sus tres horas de metraje. No me provoca ni frío ni calor. Siento respeto por esta película, pero no amor.
Es difícil encontrar en los últimos veinte años un ejemplo tan maravilloso de cine puro y mudo como la primera parte de 'Wall-E', digna de Keaton y Chaplin.
Una de mis películas favoritas. Qué miedo paso siempre con el bicho. Y, cómo no, me enamoré de la teniente Ripley, ese personaje digno del mejor Hawks.
Una supervivencia agotadora. Lo que no puedo evitar a la hora de presenciar su odisea es haber mirado varias veces el reloj y haber cambiado de postura en la butaca más de lo normal.
Eastwood no logra transmitir ni un ápice de pasión, tensión o entretenimiento con su reconstrucción de la hazaña. La película se siente plana y monótona, resultando tediosa.
No entiendo en qué se diferencia este producto de las comedias más cochambrosas de Mariano Ozores. La constante sensación que me invade al ver la ridícula 'Los amantes pasajeros' es una desagradable vergüenza ajena.
No me provoca ni frío ni calor. La atormentada, pero finalmente triunfante existencia del bailarín cubano Carlos Acosta está descrita con intención de complejidad y de sentimiento, pero en mi caso no se me contagia.
Aronofsky narra esta inquietante historia con un fuerte sentido visual, generando suspense y desasosiego. Sin embargo, resulta aún más frustrante que al final ese oscuro universo se transforme en un espectáculo superficial, carente de sustancia.
Merece la pena ver las hazañas deportivas y la complejidad psicológica de un dios demasiado cruel con sus compañeros llamado Michael Jordan en 'El último baile'.
Veo y escucho esta película con agrado, ya que ha superado otros riesgos como el exceso de ternura. Es, sin duda, una película extraña, pero en el mejor de los sentidos.
Un producto previsible y prescindible que resulta ser una idiotez insoportable con innecesarias pretensiones de humor disparatado. Es un cine de acción rutinario, con personajes que no logran evocar ninguna emoción.
Un guion disparatado y con escasa gracia. No te ocurre nada malo por ver y escuchar esas intrigas, pero se supone que pretenden provocar diversión. En mi caso permanezco en plan iceberg.
Tengo la fatigosa sensación de que ya he visto esta película otras veces. No tengo nada contra ella, pero le falta fuerza expresiva y puedes prever todo lo que va a ocurrir. Huele a encargo alimenticio abogando por una buena causa.
El tema es fuerte, pero tal como está narrado no me provoca implicación emocional. Veo y escucho la serie sin desagrado, pero tampoco más, ni frío ni calor. Lo que más me gusta es la interpretación de Marisé Álvarez.